El “antisistema” y el estado de derecho

Una cosa es el estado de derecho y otra, muy diferente, el actual “sistema” que nos gobierna. El primero alude a las normas y reglas que nos permitirían vivir en un régimen auténticamente democrático; el segundo, en cambio, nos remite a la justa percepción que “los de abajo” tienen de una realidad social y política que cotidianamente los perjudica y que responde a los privilegios de “los de arriba”.

Por Diario La Primera | 18 ago 2008 |    

Así, la garantía para que todos los ciudadanos accedan a los derechos fundamentales, la división y control del poder, la fiscalización de la sociedad civil, la existencia de partidos políticos y la soberanía que descansa en la libre voluntad de los electores son, entre otros, los componentes básicos de un estado de derecho, democrático y social. Su finalidad es que todos los ciudadanos gocen de igualdad de oportunidades para alcanzar una vida digna.

Sin embargo, esto no se da en la realidad. Con el crecimiento económico, lo que está bien, también aumenta la desigualdad, lo que está muy mal. Es que el actual modelo neoliberal es el resultado de la imposición, por las buenas o las malas, de los intereses de una minoría sobre las grandes mayorías. Esto no es nuevo. Salvo contadas excepciones, así se ha desenvuelto la historia de la república. Por algo la frase, convertida en sentido común por los gobernantes de ayer y de hoy: …“Para mis amigos, todo; para mis enemigos, la ley”. Este es el verdadero “sistema” que desde siempre nos gobierna. La justicia no es igual para todos, menos la educación y la salud, tampoco la actuación de la policía; campean la corrupción, el abuso y el racismo. Se investiga la “filtración” en el programa del Vaso de Leche, pero ¿cuánta “filtración”, por ejemplo, se ha producido en la negociación del famoso óbolo de las mineras?

Vista así la cosa, ¿cómo no luchar contra este pernicioso “sistema” generador de privilegios, corrupción y desigualdad? ¿Cómo no sentirse orgulloso de ser calificado como “antisistema”? Es que la lucha por una auténtica ciudadanía para todos los peruanos y peruanas corre pareja al logro de un verdadero estado de derecho. Habrá que esperar hasta el 2011, aunque la expectativa crece.


    Carlos Tapia

    Carlos Tapia

    Opinión

    Columnista