El agro y el ministro Carranza

El nueve último en RPP, el ministro de Economía, Luis Carranza, anunció que el régimen ha flexibilizado requisitos para que los gobiernos regionales y locales puedan invertir más en proyectos productivos rurales. Ello puede ser cierto, pero para que surta efecto, el gobierno tiene que aprender a explicar didácticamente las normas legales en general y en especial las dirigidas al sector que menos acceso tiene a la terminología casi críptica de aquéllas y al diario oficial “El Peruano”, como es el agro.

| 12 febrero 2009 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 521 Lecturas
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Más allá de ello, Carranza dijo algunas cosas que causaron asombro. Por ejemplo, que el gobierno ha venido desarrollando acciones consistentes para mejorar carreteras y reducir la intermediación innecesaria entre productores y consumidores. No es verdad.

Para comprobarlo, respecto a vías, basta que él se dé una vuelta por los destrozados tramos Pativilca-Huaraz y Pacasmayo-Cajamarca.

Y en cuanto al resto, la cosa es peor. Verbigracia: en vez de construir por lo menos un centro de acopio en cada uno de los departamentos agrarios y de fomentar la realización de ferias y festivales de la chacra a la olla en las principales urbes, para posibilitar la transacción directa entre productores y consumidores; el exministro Ismael Benavides malversó —impunemente— varios millones de nuevos soles del presupuesto destinado al pago de la compensación a los algodoneros, en “consultorías”, “estudios”, ceremonias de lujo y campañas publicitarias sin sentido, con el pretexto del Año Internacional de la Papa. Y el resultado de todo ello sólo ha sido que las amas de casa paguen mucho más que lo habitual por el tubérculo y que los únicos ganadores sean los intermediarios de siempre.

Asimismo, Carranza desbarró al sostener que los fertilizantes químicos han bajado de precio por la política del gobierno. Falso. Hasta el 19 de diciembre, cuando la Asociación de Productores de Arroz de Majes anunció haber adquirido 12,500 toneladas métricas de úrea, para venderla por 65 nuevos soles la bolsa de 50 kilogramos, dicho fertilizante y otros básicos seguían con precios internos inaccesibles, sencillamente porque el gobierno no informaba acerca de las rebajas externas.

Y en torno a por qué los precios locales de los alimentos importados no responden a las reducciones internacionales, cabe recordar que el 13 de setiembre del 2007, cuando se dio la segunda eliminación de aranceles para las importaciones, el mismo Carranza pronosticó que como resultado de ello los alimentos foráneos se abaratarían “un promedio de 10 % en los próximos seis meses”. Jamás sucedió eso. Los oligopolios se embolsicaron los aranceles que dejó de recibir el fisco, como ahora mismo siguen llevándose la diferencia entre los bajos precios externos y los altos precios internos, ante la patética ausencia de información y de medidas antiespeculativas por parte del gobierno.

Ergo, el ministro de Economía y Finanzas necesita urgente una pasantía autocrítica por la realidad, para verificar que el régimen al que pertenece sigue ignorando y maltratando al sector prioritario de la economía nacional.

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Reynaldo Trinidad Ardiles

Opinión

Columnista