El acta no vale

Tiene una idea el gobierno de lo que acaba de hacer? En el primer acto se envían 13 policías a poner orden ante una protesta de 3 mil comuneros de Paucartambo, que exigen desde principios de año que los fondos que la empresa Enersur (Tractebel, del grupo Suez, los que pagaron el paseo de Aldo M por Tailandia), no ha gastado en obras, se entreguen en fertilizantes para la actividad agraria, y los manifestantes deciden retener al destacamento y exigir la presencia de autoridades para resolver el problema y no simplemente reclamar el regreso al “orden”.

Por Diario La Primera | 19 agosto 2009 |  527 
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En el segundo acto, el primer ministro ha dicho que no se va a ocupar de conflictos y por tanto esto queda a cargo del sector implicado, ¿cuál es?, ¿Energía?, ¿Agricultura? No, aunque parezca increíble, es el Interior, cuya relación con el problema viene de los policías rehenes. Por tanto el ministro se va a la selva de Pasco y el viceministro con los jefes policiales, a la zona del problema, y desde ahí impulsan una negociación, en la que el gobierno ofrece la palabra de la empresa que hará el desembolso que no quería hacer, y se compromete a que no habrá represalias. El ministro, por su parte, explica que no ha habido daños a la propiedad y las personas (final feliz), por lo que justifica el compromiso.

En el tercer acto se arma la batahola de la prensa limeña y la derecha, que ahora dicen que en adelante todos van a tomar policías rehenes para conseguir sus objetivos, y el gobierno ordena al ministro desdecirse (segunda vez en dos semanas), destituye al viceministro y denuncia a los dirigentes campesinos, pidiendo 30 años de prisión para ellos. Aplausos. No importa si lo que ha quedado consignado después de esto es que el gobierno puede negociar a través de un representante y firmar acuerdos, que luego se pueden desconocer, con el fácil expediente de echar al funcionario firmante (¿alguien se acuerda lo que pasó con “chiquitín” Salazar y las actas con los cocaleros al comienzo del gobierno?)

Nadie ha escrito aún el cuarto episodio de esta saga. Pero es fácil intuir en lo que ha quedado convertida la palabra estatal después de esta historia. Y es que hay que explicarse con la experiencia por qué ahora las luchas son de 3, 4 ó 10 mil personas movilizadas (Moquegua, Bagua, Andahuaylas, Sicuani), que ninguna fuerza policial puede contener, salvo que lo hiciera con artillería pesada, y en las que la radicalidad (toma de carreteras, retenciones de policías), no viene de que los reclamos sean excesivos, sino de la sordera y ceguera oficial. Lo que acaba de ocurrir no significará más autoridad, sino mayor desorden y tentación a la intolerancia.

PD: En un mismo día Aldo M le pidió a Álvarez Rodrich que sea más hombre y que no siga subiendo de peso, que Jáuregui no tome más cerveza y que La República escoja mejor sus colaboradores, y que yo cambie mi marca de champú. Puro debate político y masculinidad a toda prueba. Y un solo objetivo, que todos callen sobre sus bravatas fascistas para no ser insultados por el loco del desarmador.

Referencia
Propia



    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista

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