El absurdo machismo

El machismo expresa la actitud prepotente de los varones respecto a las mujeres, parte de la idea absurda de que son y deben permanecer sometidas o discriminadas mediante el uso de la coacción física y psicológica; que ellas deben estar siempre dispuestas a acatar la voluntad del hombre; que ese es su destino y que el hombre tiene la misión de hacerlo cumplir.

| 09 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Esa visión retrógrada, indigna y abyecta, impropia de cualquier caballero que se respete o que tenga aunque sea un atisbo de calidad humana y aprecio por sus semejantes, ha aflorado en forma vulgar y brutal y ha aflorado justamente en la semana del Día Internacional de la Mujer, para mayor ofensa a las mujeres y al género humano. Justamente cuando nos preparábamos para un día dedicado a halagar y celebrar a esos seres humanos maravillosos; a esforzarnos para reivindicarlas y recordar que tenemos que luchar para dejar atrás los resabios de discriminación y de inequidad que aún quedan, de tiempos oscuros, que seguramente añora el ofensor, en los que se consideraba innecesario educar a la mujer y ella ni siquiera tenía derecho al voto.

Ha sido un político revocador, un personaje de poca monta y baja estofa, quien se ha atrevido a ofender a todas las mujeres, las esposas, las madres, las hijas; con palabras propias de la coartada de un violador y que, además, pretenden que las mujeres no tienen convicciones sólidas ni consistente forma de pensar, es decir que son casi seres irracionales.

¡Qué tal desatino! ¡Qué tal desdén! A ese sujeto de mala entraña alguien debió enseñarle que a la mujer hay que respetarla en todos los aspectos, por sus capacidades y su sensibilidad, y por el hecho de que cada uno de nosotros procede justamente de su vientre.

Cuanta sabiduría tiene el viejo dicho que aconseja que a la mujer, ni con el pétalo de una rosa. Y los católicos tenemos muy claro el papel excelso que a la mujer hay que darle, pues nuestra religión nos enseña a venerar a la Madre de Dios.

Con estas líneas queremos desagraviar a las mujeres por la sucia ofensa proferida por el revocador, cuya actitud lo pinta de cuerpo entero como inmerecedor de la confianza ciudadana. Y nos sumamos a las voces de justo repudio que en todos los niveles ha generado su despropósito.

Lo bueno es que la condena a la sucia ofensa ha sido unánime, salvo algunas voces sectarias e irracionales que pretenden que “la cosa no es tan grave” y tratan de minimizarla. Desde los más altos niveles hasta la voz de la calle ha habido coincidencia en repudiar la peor afrenta a las mujeres que en muchos años se ha hecho en el Perú.


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