Efecto halo

Se queja conmigo un muy buen amigo porque la gente cuando habla de él lo primero que dice: “ese es un borracho”. Es cierto que a mi amigo le gusta el trago pero tampoco es que sea un alcohólico y que termine tirado por las calles hecho un guiñapo, no, claro que no.

| 20 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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Pero la gente no habla por gusto, es lo que yo le digo. Hablan así, lo califican así, porque lo han visto más de una vez en estado lamentable y, entonces, el efecto halo lo etiqueta, pero para mal.

Se denomina efecto halo a la tendencia a la que obedecemos para juzgar a alguien por su característica más saltante, por lo que mejor sabe hacer, por lo que destaca.

Como vemos, se usa el llamado efecto halo para dar una opinión definitiva a partir de lo mejor que reconocemos sabe hacer una persona, o por la cualidad que en ella destaque, es decir, el efecto halo, aunque incompleta como veremos más adelante, es siempre una opinión positiva

¿Y entonces, qué pasa con mi amigo? Pues algo tan peligroso por creer que alguien es altamente confiable por una sola cualidad que evaluemos positivamente, pero en nuestro caso se aplica en sentido inverso. A mi amigo se le etiqueta por el olor y se acabó, ya está, no sirve para nada más.

Pues han de saber ustedes que aunque me apena no poder mencionar a mi buen amigo por su nombre doy fe de su inteligencia, de su inmensa capacidad de ser amigo, de condolerse por los demás y a su generosidad por compartir sus alegrías y de alegrarse por las alegrías de sus amigos.

Me ha preocupado desde hace mucho esto de las primeras o únicas impresiones y, confieso avergonzado que más de una vez el conocer algo más de alguien, de quien tenía formada una mala opinión, por supuesto etiquetada, ha hecho que me trague mis palabras y, entonces, me he sentido sumamente avergonzado sobre todo después de haber hecho pública esa lamentable opinión.

Mi conciencia se vuelve entonces mi verdugo, me persiguen las lapidarias palabras dichas sobre algún personaje y me regresan como pedradas a la memoria recordándome mis miserables ligerezas. Estoy en proceso de mejora, siempre lo estoy, no sé cuánto he avanzado en este tema pero lo voy intentando.

“Mal de muchos consuelo de tontos”, reza el refrán, sin embargo habiendo confesado mi mal puedo opinar sobre el tema. Estamos viviendo una cultura de titulares, de epígrafes, de etiquetas, de señalamientos, breves, lapidarios casi siempre.

Leemos u oímos algo casi siempre malo sobre alguien y entonces lo repetimos y lo repetimos hasta grabarlo en nuestras mentes y listo. Luego no hay forma de anular, limpiar, borrar la marca, siempre alguien se encargará de hacernos recordar la mancha, el desliz, el señalamiento.

Así como suponemos que porque alguien tiene determinadas cualidades pues entonces resultará bueno en todo aun cuando no conozcamos al detalle las demás, así cuando calificamos a alguien negativamente por uno o dos defectos pues entonces todo lo demás que haga o intente hacer esa persona será igual de malo. Efecto halo invertido que le dicen.

Para bien o para mal, será siempre mejor proceder el mejorar nuestra visión sobre los demás, creer hasta que se nos demuestra claramente lo bueno y lo malo, no quedarnos con lo que dice la etiqueta, revisar el contenido, los ingredientes del producto, quiero decir conocer y reconocer al otro y sobre todo al compañero, al amigo, al igual.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista