Efecto espejo

Algunas veces me tomo un café en un hotel que tiene cristales que permiten ver la calle pero que desde afuera funcionan como un espejo y entonces me ocupo viendo a los caminantes al pasar por él, comprobarse, ajustarse la ropa, alisarse el cabello o hacer algún gesto con el rostro o con las manos.

| 21 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.4k Lecturas
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Pienso entonces lo fácil que resulta comprobar que ante el espejo sucumbimos todos: “ayer tarde me he mirado en el espejo pues sentía por mi faz curiosidad, y el espejo al retratar mi cuerpo entero me ha brindado dolorosa realidad”, nos dice el valse lastimero y esa curiosidad algunas veces se convierte en horrible pesadilla al no ver la imagen propia reflejada y pensar que nos hemos vuelto vampiros. Quizás se trate de la culpa que no quiere ser reconocida.

El espejo ha sido desde siempre para el hombre (y la mujer), motivo de atracción y de perdición también, sino recordemos a Narciso. A algunos actores que prefirieron el fácil camino de la imitación de sí mismos construyendo el personaje a partir del espejo, les tocó recibir el desdén del público al que pretendieron conmover. El espejo material, el vidrio azogado, refleja pero no construye. La imagen que queremos que los demás vean debe nacer de nuestro fuero interno. En lo que creamos nos veremos reflejados. Pasión, amor, odio, alegría, tristeza, dolor, en fin, sea cualquiera nuestro estado emocional éste se verá en la imagen que proyectemos ante el otro o los otros.

Vivimos una actualidad de imágenes, no hay lugar en el que podamos ocultarnos, se nos verá siempre. “Sonríe te estamos filmando” se lee atrás de un camión que transporta caudales y cualquier día podremos leer el mismo mensaje detrás de una moto taxi. La tecnología cada vez más chiquita y a menor precio multiplica los espejos. Cada día estamos más y más expuestos a la mirada pública; por lo tanto, debiéramos preocuparnos por reflejar para los demás nuestra mejor imagen. Conocer lo que somos y actuar en consecuencia, creer en los valores que hemos tomado como nuestros, vivir nuestra verdad permitirá una imagen limpia que los demás podrán ver con claridad. El mismo valse del gran Felipe Pinglo nos dice: “el espejo en que me vi hoy es mi amigo porque mucho me ha mostrado la verdad”.

Termino esta mirada en el espejo con una cita de Gandhi, una vida consecuente y un espejo en el que muchos nos debiéramos mirar:

“La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido. La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí”.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista