¿Educando en el miedo a la verdad?

La búsqueda de mayor bienestar para todos los peruanos requiere una educación que fomente el reconocimiento de la diversidad física, biológica y cultural desde la que construimos nuestro destino común, marcado aún por graves tensiones y desencuentros, pero igualmente pleno de posibilidades; una educación capaz de formar una elite dirigente con vocación de integrar el país, cerrando las brechas y heridas que nos dividen. Las deplorables declaraciones de personajes como Ántero Flores, Luis Giampietri, Rafael Rey, Juan Luis Cipriani o Edwin Donayre, a propósito del informe de la CVR, documento fundamental para la comprensión de nuestra historia más reciente y las raíces de algunas de nuestras mayores tragedias, dan cuenta de que la ausencia de una educación de ese tipo empieza en quienes tienen el encargo de dirigir el país, incluyendo, por cierto, a la congresista aspirante a ministra de Educación que ensayó una destemplada denuncia por la edición de textos donde el delito consistiría en la tímida promoción de un juicio crítico –desapercibida por los censores de su propio partido– sobre los acontecimientos y actores que documenta el informe de la CVR.

Por Diario La Primera | 02 set 2008 |    

Opiniones groseras como las del ministro de Defensa (“Yo ya he dicho que las personas que integraron la Comisión de la Verdad ya fueron –sic–,.. no entiendo por qué dan tanto brinco ni por qué chillan tanto…”) retratan de cuerpo entero la estatura moral de sus emisores y su visceral ceguera para comprender la tragedia de un pueblo –con víctimas inocentes e hijos en los dos lados del conflicto interno que nos enfrentara, y que es necesario saldar– cuya memoria ofenden apostando por la impunidad de matanzas espantosas como las de Putis y Accomarca, donde fueron masacrados 192 campesinos, en su mayoría mujeres, niños y ancianos indefensos, cuyo mayor infortunio y culpa era ser parte de la población indígena quechuahablante, secularmente humillada y sometida en su propia tierra.

Poco importa si tal opinión brota de su habitual cinismo o de la ignorancia de quien sin siquiera haber leído aquel documento se atreve a juzgar y condenar su contenido, atribuyéndole conclusiones que no propone. Igualmente da nítida cuenta de una inveterada incapacidad para asimilar las enseñanzas de una historia aunque reciente, dolorosamente reiterativa, lo cual los descalifica para dirigir este país.


    Zenón Depaz Toledo

    Zenón Depaz Toledo

    Opinión

    Columnista