Educación ambiental: debe entrar por la puerta grande

De los 230 conflictos registrados por la Defensoría del Pueblo (nov 2012), 150 son socioambientales. El tema medioambiental, central en el país, hoy accede a la agenda educativa: el 30 de diciembre se aprobó por Decreto Supremo la Política Nacional de Educación Ambiental propuesta por el Ministerio del Ambiente y el Ministerio de Educación, de cumplimiento obligatorio en colegios, universidades e institutos de educación superior y en todos los espacios que imparten formación en la sociedad.

| 07 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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El objetivo: formar ciudadanos ambientalmente responsables. Esto significa de acuerdo a lo normado: personas capaces de respetar y proteger toda forma de vida (principio de equidad biosférica); de asumir los impactos ambientales de su actividad (principio de responsabilidad); de valorar los saberes ancestrales que expresan armonía entre el ser humano y la naturaleza (principio de interculturalidad); de respetar los estilos de vida de otros grupos y culturas (principio de coexistencia); de trabajar por el bienestar humano presente y futuro respetando la tierra que heredamos y la que dejamos a las futuras generaciones (principio de solidaridad intergeneracional).

Ello no debiera quedarse en teoría, pues está estipulado que se asegure su implementación efectiva y transversal en los diferentes niveles y modalidades del sistema educativo; involucrando entre otras cosas la educación en “ecoeficiencia” que consiste en desarrollar competencias en investigación y emprendimiento con miras a vivir de modo sostenible.

La nueva política supera claramente un enfoque de educación ambiental que enfatizaba algunos temas como prevención de riesgos y escuelas saludables, para incorporar además, y de manera nodal, la constitución de personas conocedoras de lo que sucede con asuntos como el cambio climático o los daños ambientales ocasionados por actividades productivas no responsables; comprometidas con en el ejercicio de sus deberes y derechos ambientales; capaces de actuar en defensa de los recursos naturales del país, de proteger la vida en todas sus manifestaciones y de proyectar un mejor planeta para las futuras generaciones.

Ahora no basta “aprender a ser” (Delors), porque “¿quiénes somos? es inseparable de ¿dónde estamos?” (E. Morín). Tampoco es suficiente formar ciudadanos que construyan democracia, sino ciudadanos que construyan un hábitat armonioso y equilibrado.

Esperamos que esto se asuma y concrete con fuerza y decisión, pues las leyes y normas, siendo importantes, no bastan. Un tema central en el país no puede ser marginal en la educación: la educación ambiental debe entrar por la puerta grande de las prioridades de política educativa. Comencemos por difundir la norma ya promulgada, que al momento de escribir este artículo estaba en el portal del Ministerio del Ambiente y aún no en el del Ministerio de Educación. Luego hay que elaborar los indicadores de cumplimiento que se exige incorporar en el Proyecto Educativo Nacional y en el Sistema Nacional de Evaluación y Acreditación de la Calidad Educativa… y ponerlos en práctica.

Del dicho al hecho, hay aún mucho trecho.


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Teresa Tovar Samanez

A ojo de buen cubero