Educación ambiental: aprender una verdad incómoda

¿Qué aprende un niño de Espinar sobre medio ambiente? Quizás le enseñen a lavarse todos los días las manos pero no le dicen cuán contaminada está el agua con la que se lava o la que bebe, y menos aún por qué. ¿Qué aprende una niña indígena de la Amazonía sobre medio ambiente? Es posible que le hagan regar las plantitas de su colegio, pero no le mencionan cuántos árboles menos hay ahora en su tierra y por qué hay partes donde la vegetación ha desaparecido.

| 25 junio 2012 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores |1.9k Lecturas
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El niño de Espinar tiene derecho a saber por qué está tomando agua con mercurio, cadmio y arsénico y la niña de la Amazonía tiene derecho a saber por qué hay gente talando o quemando árboles. Algunos especialistas dicen que enseñar esos “porqués” es “politizar” la educación. Nosotros decimos que es parte del derecho a la educación. Veamos.

Existen miles de “niños contaminados” que reporta el Ministerio de Salud no solo en Espinar, sino en muchos lugares. Por ejemplo en Raura, donde todas las fuentes de agua de la zona de influencia de la minera están contaminadas con metales pesados; o en La Oroya, donde el 90% de los niños tienen plomo en la sangre. ¿Saben esos niños que si se sienten cansados no es por su culpa, sino por la contaminación por metales pesados que “alguien” ocasiona? Más aún, ¿Saben por qué ese “alguien” contamina y “otros” dejan que esto ocurra? ¿Están los decisores de política dispuestos a dejar que los estudiantes aprendan acerca de esta “verdad incómoda”?

Nos preguntamos también si se sabe cuántos niños que presentan “problemas de aprendizaje” respiran o beben metales pesados. Garantizar el derecho a la educación no es solo poner un buen profesor, un local y materiales de aprendizaje, es evitar que los niños se duerman en el aula por efecto de “pasivos ambientales”. Pero significa sobre todo respetar su derecho a saber lo que ocurre en sus vidas.

Durante muchas décadas se ha planteado en el Perú el cierre de brechas sociales, de modo que los estudiantes de las zonas más pobres tengan las mismas oportunidades que los de zonas más ricas. Pues bien, hoy debemos asumir que los estudiantes pobres son casualmente los más “contaminados” y es imprescindible empezar a hablar de brechas ambientales en educación. El fracaso escolar no es solo un problema educativo, se explica por razones políticas, porque está en cuestión el modelo de “civilización” donde se alojan sin orden ni concierto, la minería, la escuela y el mercado. Donde hay minería existe 80% de pobreza (Puno), 54% de desnutrición infantil y 71% de anemia (Huancavelica). Ver INEI e Infobarómetro 2012.

Tenemos que asumir y enseñar que existe un cruce profundo entre inequidad educativa y crisis ambiental que coloca hoy como medular el reclamo de justicia socio-ambiental. Este reto penetra en la escuela a través de testimonios de estudiantes afectados con la contaminación y la pobreza, pero hace falta que penetre en el currículo, en las prácticas pedagógicas, en las propuestas de política y en los aprendizajes de los estudiantes sobre nuestra “verdad incómoda peruana”.

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Teresa Tovar Samanez

Teresa Tovar Samanez

A ojo de buen cubero