Ecos de Cumbemayo

Cansado, mis adidas rojinegras modelo Originals quedaron fuera de juego sobre el pasto cajacho como dos piezas de dominó inconexas.

Por Diario La Primera | 03 ago 2010 |    

Frente a ellas estaba el imponente santuario Cumbemayo, un fortín de piedras pre incas que encaja perfectamente con el cielo asombroso de sol y celeste crayola. Los niños del lugar piden dádivas como cantando, seguidos de pequeños perros con las últimas pesquisas de algún huevo duro frío, y nosotros agitados por el poco aire usado mientras desfilan las diferentes figuras del bosque de piedra, los llamados frailones, shit, qué maravillas uno pierde de vista en los quehaceres mundanos de las ciudades centrales. Antes, una iguana gigante trepa las laderas del castillo; me arremolina en una palabra mayor. Un sapo, un búho, una rata, se detienen ante mí para darme las energías necesarias para seguir en mi cauce lunar; me lengüetearon, me lagrimeó el Ojo de Agua, y la cola anillada de yilets me corrige. Unas flores amarillas, las únicas entre tanta roca dieron a mis dedos ganas de dibujar. Para cruzar al reino de la mole, primero pasamos por un portal, un conducto oscuro montañero donde los visitantes sentimos inacabables deseos de la vida después de la muerte. En su entrada estaba el culto a la fertilidad, el aparato de una mujer reflejado por dos orificios contiguos -vagina y ano-, dicen que muchas parejas lo visitan para florecer en sus deseos de prolongar la especie humana. Los petroglifos anuncian un puma, un caracol, y se trazan en mi espalda conforme recorro el mismo cuerpo de Cumbemayo. Sigo alegre fugaz, corriendo, saltando con mis armas de batalla, una handycam, una cámara fotográfica, una libreta de dibujos, y la agenda, todo para perennizarlo en mi periodismo 2.0. hip hop skater. Siento en la raíz esa sintonía con el silencio de los apus tan presta para escribir tomos de poesía. Va mi corazón recontra centelleante, aprovechando el eco de tres golpes en el aire de ese santuario mágico que eterniza cualquier canto. Todo es tres sonidos. Dos traducciones. Las palabras limeñas mudan en gemelos sonidos cajamarquinos.

    Luis Torres Montero

    Luis Torres Montero

    Malas palabras

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