Durmiendo con el enemigo

Hizo muy bien la presente administración, al iniciarse, en dejar de lado la vieja práctica de exigir como único requisito el carnet partidario o la certificación de tecnocracia cerrada a una sola manera de ver el mundo, como requisitos para acceder a responsabilidades en el aparato del Estado.

Por Diario La Primera | 07 jul 2012 |    

Como hizo lo correcto al decidir gobernar con todos los peruanos sin distingos de colores políticos ni otras inclusiones, en una visión de amplitud y unidad bajo las banderas de la unidad nacional, el progreso y el desarrollo.

Pero lamentablemente tan acertada política parece haberse distorsionado pues en muchos casos se ha traducido en la permanencia de elementos comprometidos políticamente con el anterior régimen o con posiciones retardatarias, que, en vez de sumarse con su aporte técnico a la tarea de sacar adelante el país, en muchos casos se han dedicado al sabotaje o la distorsión de la labor gubernamental.

Sabemos que hay casos de miembros de la tecnocracia que, por ejemplo, ofician de una especie de agentes encubiertos que llevan información que sirve de insumo a las campañas de las fuerzas contrarias al cambio, o que obstaculizan la ejecución de las decisiones gubernamentales, muchas veces usando reglamentos y otras ataduras burocráticas dejadas por la pasada administración, para que los funcionarios que le siguen sirviendo, no puedan ser removidos.

Adicionalmente, hay quienes desde la administración pública se dan el lujo de favorecer con favores publicitarios a medios de prensa que fueron incondicionales del anterior régimen y que sabotean con campañas de mentiras y manipulaciones al actual gobierno, llegando a extremos que lindan con la irracionalidad.

Inclusive, en no pocos casos esos favores son dispensados a medios que carecen del favor del público, como se refleja en sus reducidos tirajes, como si desde el aparato estatal se buscara financiar a quienes quieren el fracaso o, peor aún, la inestabilidad del gobierno. Al mismo tiempo, practican la discriminación de medios partidarios de la democracia y el cambio, paradójicamente con los mismos criterios del pasado reciente.

Debe el Ejecutivo ser consciente de que su tolerancia lo ha llevado a lo que se conoce como dormir con el enemigo, con un enemigo que está al acecho para liquidarlo en cuanto se le presente la oportunidad. Mantener esa situación equivale a un suicidio.

Haría bien el gobierno en remediar la situación, haciendo lo necesario para tener personal de alta confiabilidad en los puestos claves del aparato estatal y dando orientaciones para que sus decisiones sean coherentes con la política del Ejecutivo y con la necesidad de defenderlo de sus enemigos políticos y mediáticos, carentes de tolerancia y de espíritu democrático.


    Arturo Belaunde Guzmán