Du Bois y el fantasma de Velasco

Mis fichas sobre la trayectoria profesional del señor Fritz Du Bois, lo muestran llegando al Estado en el año 1991, antes del golpe, a ocupar el cargo de liquidador del Instituto de Comercio Exterior.

| 04 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 3.2k Lecturas
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De ahí siguió para arriba hasta que su amigo y protector Jorge Camet Dickman, ministro de Economía, lo nombra jefe de su gabinete de asesores, sin tener títulos suficientes para ello y lo convierte en su hombre de confianza para el manejo del proceso de recompra de la deuda externa (denunciado por corrupto), de las planillas secretas del PNUD de donde se pagaba a la burocracia dorada (incluido Du Bois) y de las privatizaciones. El punto es que este caballero fue de los primeros que se subieron al carro fujimorista después de haber hecho campaña por Vargas Llosa y de los que vivieron el golpe del 5 de abril sin inmutarse y siguieron en el gobierno hasta fines de los 90, porque esa era la manera de ser fiel al concepto que tienen de la democracia.

Pero a este tipo que llegó a la dirección de Perú 21 para apagar el incendio de las denuncias sobre los petroaudios, le desagrada volver a ver a dirigentes campesinos como Hugo Blanco, Andrés Luna Vargas y otros que le recuerdan las luchas campesinas de los 60 y 70 que contribuyeron a democratizar el campo peruano. Lo peor es, sin embargo, que verlos le trae a la memoria la reforma agraria de Velasco, de donde sigue, más o menos en la lógica que dicen que tienen los libros de Editorial Bruño, apuntando que el Velasquismo creó expectativas y frustraciones que propiciaron el surgimiento de Sendero Luminoso (¿nadie lo va a acusar de apologista del terrorismo).

Nada de expectativas que la gente se las cree y después se frustra y se hace guerrillera. Vaya… ¿Y cuál es la alternativa?, que no haya límites a la propiedad de la tierra en el país, que seguramente si al llegar a los 80 hubiéramos tenido enteros los enormes latifundios improductivos de la sierra y las haciendas azucareras y algodoneras donde se perdía la vista en la costa, no hubiera habido rebelión armada y los campesinos habrían sabido siempre que su destino era el peonaje para aquellos que realmente tienen. Así que don Fritz tiene razón en sentirse asustado de las fotos de los viejos saurios que jamás pulularon como él entre puestos públicos, directorios de empresas privatizadas, AFP y medios de comunicación, y que mal que bien siguen creyendo en lo que siempre creyeron, que los campesinos peruanos pueden ser un factor de poder para la transformación del país.

Pero más preocupado está aún del “mamarracho demagógico” de restringir la propiedad agraria a 10 mil hectáreas. Y precisa, porque tan idiota no es, que esta puede ser ahora una cantidad todavía significativa de tierra en una sola mano (enumeren cuantas propiedades de este tamaño hay en el país), pero el peligro es que cuando se pone un tope, después los radicales pedirán otro más bajo y así sucesivamente. Por eso el detalle de las fotos. En resumen Du Bois nos está diciendo para qué dimos el golpe, hicimos la Constitución de 1993, vendimos todo lo que se podía vender y seguimos concediendo todo lo que se puede conceder, firmamos todos los TLC, si al final nos van a poner límites a nuestra victoria. Así no vale.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista