Dos meses, dos meses

Jorge Miguel había caído fácil en las redes sutiles de Maricarmen en la discoteca azul, después de las clases de la universidad y, como vivía hacía tres años con Karla, creyó que estar de amores con ambas a la vez al menos por dos meses sería buen tiempo para que su corazón confundido eligiera entre las dos apelando estrictamente a los sentimientos más puros del amor. Sin embargo, aquel plazo duró mucho menos que dos meses.

| 19 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 632 Lecturas
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Jorge Miguel vivía con Karla hacía tres años y, en el tiempo que apareció Maricarmen, ésta apenas podía causar en él sentimientos de cariño que, de vez en cuando, podían convertirse en los rezagos de una pasión que ya se había ido. No obstante, con Maricarmen él podía sentirse un hombre con 10 años menos que sus 35 y que, en los juegos del amor, sentía que estaba descubriendo novedades del cielo. Pero quiso darle un plazo a su corazón confundido para que decidiera en dos meses con quién iba a quedarse para toda la vida.

Fue Maricarmen quien hizo todo para conquistarlo. En clases, le tocaba las rodillas mientras el profesor estaba distraído y, en el primer receso en que los dos estuvieron juntos en la universidad, le dio un beso en los labios sin que Jorge Miguel se lo pidiera. La primera salida para tomar un café se convirtió en una noche prolongada hasta el amanecer en el hotel sobre la discoteca azul. “Don Corazón, usted tiene dos meses para elegir”, decía Jorge Miguel.

Dos días después de aquella noche en el hotel, Jorge Miguel invitó a Maricarmen a pasear en un parque de Surco y la amiga más chismosa de Karla los vio comprando un helado de chocolate. Entonces llamó a su amiga por celular y Karla se apareció en un taxi dispuesta a rajarle la cara a la maldita que le estaba quitando a su hombre. Rabiosa y furibunda, disparó sin medir consecuencias su mejor derechazo contra Maricarmen; pero ésta se agachó como una boxeadora diligente y el puñetazo le sacó un diente a Jorge Miguel. Los serenos tuvieron que separar a las mujeres que se trenzaron como tarántulas enloquecidas en el piso ante el asombro de los vecinos; mientras que Jorge Miguel, aturdido por el derechazo, buscaba su diente en el suelo diciendo como en una pesadilla: “Dos meses, dos meses”.


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