¿Dónde se educan mis hijos? Escuela y ciudad

La Municipalidad de Lima Metropolitana ha puesto en consulta su Proyecto Educativo: “Lima Ciudad Educadora”, que forma parte de un plan integral de desarrollo de la ciudad. Destacamos cuatro ideas que invitan al debate sobre el rol educador de las ciudades y municipalidades:

| 02 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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1. Se requiere una doble apuesta por el ejercicio pleno del derecho a la educación: mejorar y transformar la escuela y el sistema educativo que tenemos (autoritario y segregador), y al mismo tiempo ir más allá de ellos, extendiendo y potenciando los diversos espacios formativos de la ciudad. Hay sintonía en esta búsqueda: “los aprendizajes que plantea el Proyecto Educativo Nacional no se logran solo en las instituciones educativas, sino que requieren, además, convertir el espacio público en un lugar de aprendizaje convergente a los mismos propósitos” (PEN), pero también habrá resistencias, pues siempre que se intenta ir más allá de algo, se entra en una suerte de terreno desconocido. Teniendo como referente el reciente camino del movimiento de Ciudades Educadoras del mundo, Lima empieza a formar parte de esta aventura.

2. Se trata de un movimiento de ida y vuelta. Lima educa a sus habitantes, y los habitantes despliegan capacidades y desarrollan un sentido de ética pública, con lo cual mejoran, construyen y transforman la ciudad. Detrás está la convicción de que la educación constituye una dimensión central en el desenvolvimiento de las sociedades, es el terreno donde se construye buena parte del sentido de la sociedad a la que aspiramos. ¿Es la educación solo un reflector del modus vivendi o posee un potencial transformador? Vieja pregunta, pero es claro que si Lima no enseña a pensar a sus habitantes, estos no podrán transformarla, ni tampoco contribuir a forjar un país mejor.

3. La mira y horizonte es un proyecto colectivo de bienestar y calidad de vida. Se propone una ciudad que no discrimine a nadie, donde las personas puedan ejercer sus derechos y respetarse unos a otros, que enseñe a convivir, “a reconocerse en su humanidad común y, al mismo tiempo, reconocer la diversidad cultural inherente a todo lo humano, y elaborar un auténtico sentimiento de pertenencia a nuestra Tierra, considerada como última y primera patria” (Morin). Hace un año nos recordaban que vivimos un momento donde la búsqueda y la pregunta se posicionan para interrogarnos sobre las distintas visiones que tenemos acerca de la “civilización”, la sociedad, el desarrollo, el progreso, el bienestar (Morales, 2011). Desafío complejo: construir al mismo tiempo ciudad y ciudadanía, a la vez que dibujar el país en que queremos vivir, que hace indispensable aceptar la incertidumbre y rechazar las definiciones cerradas.

4. Un planteamiento audaz. La propuesta retoma, pero va mucho más allá de la “prioridad en la infancia”: no basta “atender” a los niños, sino colocarlos por delante como medida de calidad de vida, “de modo que su realización plena obligue a modificar todos los aspectos de la ciudad: su arquitectura, normas, costumbres y valores. El protagonismo infantil será piedra angular para pensar las relaciones entre educación y ciudad”. Esto es casi como voltear la tortilla.

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Teresa Tovar Samanez

A ojo de buen cubero