Dónde estás

Cuando despertó de un sueño sobresaltado, Jair Mitma pensó que ella iba a estar entre toda la gente que rodeaba su cama de moribundo. Abrió sus pequeños ojos y empezó a rastrear entre toda la gente para encontrarla; pero ella no estaba ahí. Entonces cerró los ojos y rogó a todos los santos del cielo con una devoción inusitada que, por el amor de Dios, le hagan el milagro de verla por última vez. Su hermana, con quien había sido cómplice desde niño, le dijo: no la encontramos por ningún lado; pero la seguimos buscando. A Jair le quedaban 48 horas de vida, pese a los esfuerzos inhumanos que hicieron los médicos; y, antes de dar el salto para descubrir los misterios de la muerte, quería pedirle perdón a Alejandra Martínez por todas las canalladas que le había hecho. Alejandra era madre de sus dos hijos y el amor de su vida, quien harta de él había desaparecido de la ciudad antes de que los médicos dijeran que a él le faltaban pocas horas de vida. “Nadie sabe dónde está, papi”, le dijo su hija. “Sigan buscándola, por el amor de Dios”, contestó él.

Por Diario La Primera | 30 ago 2012 |    
La tarde entró por la ventana y todos salieron luego de regalarle palabras de aliento y antes de dejar algunas lágrimas.

“Yo no voy a morir sin antes hablar con ella, aunque los médicos hayan dicho lo que ya sabemos”, dijo Jair y cerró los ojos ante su hija. Luego le pidió a su hija que apagara la luz antes de dejar el cuarto. No hizo otra cosa que pensar en Alejandra. Recordó su primer beso bajo las palmeras del jardín de su casa y el último beso antes de la pelea; recordó las lágrimas de felicidad en el rostro de ella cuando nacieron sus hijos y sus lágrimas de tristeza cuando se enteró del mal que tenía; recordó su risa graciosa y clara, sus ojos oceánicos, su boca frutal. “Te amo, Alejandra”, dijo y se durmió.

Al día siguiente, al despertar de otro sueño sobresaltado, Jair gritó: “¡Alejandra!”. Su hija entró asustada al cuarto. “Hija, dónde está tu mamá”. “La seguimos buscando”, contestó. “Yo no voy a morir sin antes hablar con ella”, dijo y volvió a dormirse.
Referencia
Dónde estás

    El Escorpión

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