Divino tesoro

Según la página juvenil inaugurada hace poco por el diario más viejo del Perú, los jóvenes limeños –encuesta de Apoyo dixit- podrían competir en un torneo de descerebrados satisfechos, esos que el señor Vivas halaga desde su reciente postura de biógrafo oficial de Calígula.

Por Diario La Primera | 28 ago 2008 |    

Y es que en esa página de ombligos tatuados y mechas sueltas sale que los jóvenes prefieren la TV como medio de información –lo que implicaría que la TV nacional informa-; que lo que más ven son los noticieros –lo que supondría que los noticieros peruanos de la tele dan auténticas noticias-; y que, en suma, lo que más ven son el programa de Magaly Medina y el de Jaime Bayly –lo que es una clara señal de las ningunas ganas que tienen los jóvenes de interesarse por el mundo y de su definida afición, más bien, por evadirlo-.

Ahora bien, uno puede evadirse del mundo de muchas maneras. Uno puede, por ejemplo, meterse a un cine, ver al Municipal reahogándose en segunda, proponerle indecencias a la novia, masticar tendones en una pollería, coleccionar los cromos de Narigones 2, suicidarse por distracción y hasta leer un editorial del diario que fundó un chileno, mejoró un argentino y compró finalmente una familia panameña.

Sin embargo, si le tenemos que creer a “El Comercio”, los chicos limeños no hacen nada de lo descrito en el párrafo anterior. Lo que hacen es tirarse a una cama con el control remoto en la activa mano y darse un atracón... de TV nativa (pero sin nativos).

Y, además, los chicos de hoy están convencidos de que los mejores periodistas son, según el género, Federico Salazar y Rosa María Palacios. Ambos, por estricta coincidencia, pertenecen al Canal 4, propiedad de “El Comercio” desde su espectacular compra por 35 millones de dólares.

Palacios y Salazar tienen méritos que nadie puede discutir. Pero que su patronal los encumbre –con la manita de Apoyo- parece confirmar que la gran prensa se reserva el concepto “conflicto de intereses” sólo para ser usado en el Congreso.

A lo que voy es que, detrás de esas inclinaciones generacionales, está el éxito que la derecha mundial ha obtenido en su tarea de desprestigiar la política, fomentar la banalidad, premiar el individualismo predador, exiliar las utopías como si de plagas se tratara y, en fin, hacer de buena parte de la juventud ese ejército de zombies que nada cuestiona y que ante ningún horror se escalofría. Son los nihilistas que no escogieron la nada porque fue la nada quien los escogió. Son los ejércitos de la noche que Mailer no pudo imaginar.

O sea, son parte del sistema, la vaina, el billetón, la burundanga que la Rand Corporation empezó a lanzar gaseosamente como si del agente naranja se tratara.

-¿Cómo impedimos otro mayo del 68? –se preguntaron en Chicago.

-Logrando que sólo piensen en el 69– respondió un genio.

Y así empezó esta ola tóxica que quiere hacernos creer que el cine es bang-bang, que pensar da sarna, que dudar te mata, que no comprar causa ladillas, que no ir a Eisha es de necesidad mortal, que si lees amaneces sin huevos, que Vega Llona es humano y que América Noticias es un noticiero y no la hemorragia imparable que es en verdad.

Cretinizar es un programa mundial que una Unesco invertida y en la sombra está llevando a cabo todavía. Porque hace mucho tiempo que los que cortan el jamón serrano se dieron cuenta de que la información puede producir la peste de la rebelión. Y de que enmugrar a la gente desde los medios masivos de comunicación que manejan (el 99%) es un santo deber que Escrivá de Balaguer bendice desde el cielo (donde baila una jota con Francisco Franco). Y también se dieron cuenta estos lobos de varios husos horarios de que un Latin American Idol es la manera moderna de vendernos el anzuelo de la tierra de las oportunidades.

De modo que cuando un chico bizquea ante una Play Station y otro cree que la TV nacional informa y un tercero desprecia a los aguarunas después de leer a una alimaña limeñísima, alguien en la Rand –o en el Cato Institute, o en la cama de Condoleeza Rice- siente que ha hecho bien su tarea y que la rebelión de las masas es ahora tan sólo un viejo libro de un tal Ortega y Gasset (que hasta medio pronazi había sido).

Felicitaciones, jauría.

Referencia
Divino tesoro

    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista