Dile no a la discriminación

El diario La República, en su edición del 24 de febrero, informó que: “El jueves 31 de enero, el congresista de la República, Leonidas Huayama Neira, se llevó el susto de su vida al ser intervenido y enmarrocado por un efectivo policial en el balneario de Asia cuando caminaba junto a dos acompañantes por esta playa del sur”.

| 03 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.7k Lecturas
Dile no a la discriminación
Congresista Leonidas Huayama Neira.
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Sin embargo, es bastante extraño que una noticia como esta no se le haya dado importancia. Incluso, para saber si este hecho era cierto y si había algún tipo de responsabilidad de parte del legislador en este incidente. Lo extraño del caso, además, es que tanto el congresista como el Congreso hayan, como se dice, “echado tierra” a este escándalo.

La versión de este diario, proporcionada por el propio legislador, es que su detención, por más de media hora, y por un policía de franco, se produjo cuando paseaba por el malecón de Asia, una playa que es considerada como una zona residencial. Según la declaración del congresista, un efectivo policial lo detuvo porque estaba tomando fotos en una zona privada: “Nos detuvo y luego nos dijo que éramos sospechosos y no podíamos estar caminando por la playa. La verdad no entendí en ese momento lo que pasaba. Le expliqué reiteradas veces que era congresista, pero no me hacía caso”. El parlamentario afirma que no se encontraba en estado etílico.

Aceptando que el congresista dice la verdad, lo primero que hay que decir es que si esto le ocurre a un parlamentario, uno podría concluir que a un ciudadano de a pie, sin poder y autoridad, le podrían ocurrir cosas peores. Todas ellas atentatorias contra la Constitución y los derechos de las personas. Total, para los que viven en esta suerte de bunkers, todo está permitido; incluso violar la ley y tratar a la mayoría de peruanos como ciudadanos de segunda clase.

Lo segundo que debemos preguntarnos es cómo es posible que un “policía de franco” pueda detener a un ciudadano, más allá que sea congresista o no. En esa circunstancia el policía no está en funciones y, por lo tanto, salvo que ocurra un delito flagrante, no puede intervenir a ningún ciudadano. Lo que sucede es que ese policía, en la práctica, es una suerte de “guachimán” y utiliza su poder, que es poco, por cierto, pero es demasiado frente a un ciudadano común y corriente, no para hacer cumplir la ley sino para defender y proteger a los que viven en esas zonas exclusivas y residenciales.

Lo tercero a señalar es cómo es posible que alguien pueda ser acusado de “sospechoso” –esa fue la razón por la cual el congresista fue esposado- por el solo hecho de tomar fotos en el malecón de Asia por ser, aparentemente, una “zona privada” o una “zona residencial”. Para este policía y para los residentes, el balneario de Asia es una suerte de una zona militar cuyo ingreso está prohibido para el común de los mortales.

En realidad, podría hacer mucho más preguntas y comentarios sobre este incidente. Evidenciar, incluso, más actos ilegales cometidos por este policía quien, sospecho, es respaldado por la “comunidad asiática”. Hablar de prejuicios y estereotipos. Sin embargo, la pregunta que hay que hacernos, incluso más allá de este incidente que ha tenido como protagonista a un congresista, es hasta cuándo estas zonas exclusivas, rígidas para la mayoría de peruanos, continuarán.

En otros artículos he señalado cómo mediante un artificio legal se crean supuestos clubes en estos balnearios para terminar privatizando espacios públicos como la playa. Son verdaderos bunkers donde la ley se suspende para que imperen reglamentos internos que chocan en algunos casos con el ordenamiento jurídico nacional. Así como las haciendas fueron espacios donde la ley nacional estaba suspendida, estos “clubes” son las nuevas haciendas donde la “ley privada” de una minoría y no la ley pública, es la que manda. Buena parte de los balnearios del sur han optado por este sistema exclusivista que segrega a la mayoría de peruanos.

Lo que viene sucediendo en el país –y este incidente lo demuestra una vez más- es la continua privatización de los espacios públicos a favor de una minoría. Este hecho no ocurre ni en los más exclusivos balnearios de países de la región, en donde el libre acceso y circulación está garantizado por ley.

Por eso creo que lo sucedido con el ciudadano Leonidas Huayama, más allá de que sea congresista, debe ser investigado por el Poder Legislativo. No es una simple anécdota, ni tampoco considero que este problema se solucione con una exhortación para que los policías no tengan “este tipo de actitudes con las personas” como dice el propio congresista. En realidad, el asunto va mucho más allá porque atañe directamente al tipo de convivencia que debe existir entre todos los peruanos y porque niega la regla de oro en toda sociedad democrática: todos somos iguales no solo ante la ley sino también respecto al otro. Por eso dile NO a la discriminación.


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Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino

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