Difícil de creer

Una madrugada, las cámaras de televisión enfocaron a Juan Flores conduciendo su vehículo. No tendría nada de extraño, pero el portero estaba convocado a la selección nacional y horas más tarde debía cumplir con un entrenamiento.

| 20 mayo 2008 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 468 Lecturas
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Flores, al verse sorprendido, le dijo a la opinión pública que había salido de su domicilio muy temprano para comprar “un saco de arroz y uno de azúcar”. Era poco creíble. Hasta daba risa su excusa. Se le desconvocó de la selección, pero el meta defendió hasta el último su coartada.

Años más tarde, el propio Juan Flores, en una entrevista radial que yo mismo le realicé, admitió su error. Se rió y dijo que fue una excusa muy torpe.

También recuerdo un incidente de Nolberto Solano. El ex jugador de Sporting Cristal tuvo un accidente de tránsito y su vehículo quedó destrozado. Se afirmó que el jugador estaba bebido. Pero el volante dijo que venía de una reunión de la casa de su madre. Que no estuvo en ninguna fiesta.

Sin embargo, meses más tarde, un diario local publicó ­una disculpa del propio Solano, pues reconocía que sí había bebido licor y no estuvo en la casa de su madre. Pese a que ella misma salió a apañar a su hijo después del accidente.

Y tenemos varios casos que recordamos. En todos ellos, los jugadores dieron excusas realmente torpes.

Pero la que escuchamos el domingo por el jugador César Ccahuantico batió todos los récords. El jugador está acusado por supuesta complicidad en el robo de 84 mil dólares al Cienciano.

La Policía se basa en que el número del celular de ­Ccahuantico estaba en el registro del delincuente antes y después del robo. Incluso se dice que diez minutos antes del ­asalto el propio volante llamó al número del delincuente.

Pareciera por estos indicios que el caso Ccahuantico es ­aún mucho más evidente que el caso de Waldir Sáenz. Es muy difícil creer lo que dice el jugador en su defensa: “que lo llamó para desearle suerte en un partido de fútbol”. Más parece el libreto de un programa cómico. La gran diferencia entre los casos anteriores y el de ­Ccahuantico será el proceso. En el de Solano o Juan Flores, la sanción es más moral. Pero en el cusqueño, la sanción podría ser penal.

Lo que sí es claro son las mentiras que utilizan los jugadores para salvar sus pellejos, aunque algunas son realmente fantásticas.


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Ivlev Moscoso

Opinión

imoscoso@diariolaprimeraperu.com