Desvergüenza nacional

La lógica y el sentido común, así como el instinto de supervivencia, debieron determinar que, a estas alturas, el escándalo desatado por el lamentable aumento de sueldo que se dieron a sí mismos en forma encubierta los miembros del Congreso de la República, hubiera quedado en el olvido, tras una pronta y contundente rectificación de los legisladores que anulara el fuerte incremento –casi ocho mil soles, con lo que el ingreso bruto de cada congresista se elevaba a unos 30 mil soles.

| 29 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 863 Lecturas
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Unas bien presentadas disculpas, acompañadas de la promesa de que algo así no se volvería a repetir, hubieran superado el problema y mejorado la imagen de los legisladores, con prometedoras perspectivas para el año 2013.

Lejos de ello, nuestros mal llamados “padres de la patria” han tenido –con honrosas excepciones que la ciudadanía conoce por ser absolutamente minoritarias- una reacción que solo puede calificarse como desvergonzada, pese a invocaciones generalizadas a la rectificación, a las que se ha sumado el Presidente de la República, al señalar que el incremento hiere la sensibilidad ciudadana y contrastarlo con los montos exiguos, en comparación con el llamado “aumentazo”, que reclamaban en marchas de protesta diversos gremios de trabajadores.

Unos pocos han pedido que el incremento se anule, teniendo en cuenta la indignación ciudadana, otros se han limitado a renunciar a cobrarlo o han anunciado que lo donarán, y muchos lo defienden con uñas y dientes, con patéticos argumentos como la triste frase del titular del Congreso, según la cual se trata de una medida impopular pero necesaria, o como señalar que hay en el aparato estatal funcionarios privilegiados que ganan más.

Ha sido tragicómico el alegato de una parlamentaria que dijo que se merece los 30 mil soles porque tiene maestrías que la califican y porque trabaja mucho, y que ella tiene derecho al nuevo ingreso sin que nadie le pueda exigir cuentas.

Tampoco podemos dejar de citar al congresista que, al reivindicar como un derecho no rendir cuenta del monto recibido, formuló una frase emblemática: “si me sobra, me sobra pues”.

La ministra de la Mujer, puesta en aprietos al revelarse que cobra los dichosos gastos por actividades de representación, siendo ministra a tiempo completo, trató en vano de convencernos de que simultáneamente hacía labor parlamentaria de representación por lo que el pago le correspondía; y luego hizo una tardía rectificación, al anunciar que devolverá lo recibido en el año que lleva en el gobierno, lo que, por cierto, implica un reconocimiento de que no debió cobrar.

Igualmente triste es que en los últimos días miembros del Poder Legislativo hablen, más o menos disimuladamente, de la necesidad de un “sinceramiento” de sueldos de los congresistas, que parece apuntar a convertir el “aumentazo” en parte del sueldo.

Como la esperanza es lo último que se pierde, ojalá se impongan las voces sensatas que piden reconsiderar el incremento y anularlo, por razones éticas pero también para salvar al Congreso de un descrédito que le hace daño a la democracia y para reconciliarlo con la ciudadanía.


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