Después del Grupo 5: resaca, terremoto

La agenda presidencial es minuciosamente revisada por los asesores en Palacio pero nadie se atreve a despertarle.

Por Diario La Primera | 14 ago 2008 |    

Nunca se choca con el ‘jefe’, el ‘man’, el faite, el hombre del corso chicha y del Prozac caleta hecho jarabe y vertido en el sancochado matinal; éste se levanta trastabillando sobre la alfombra, con una morisqueta chupada de limón se pasa las falanges acomodándose el cerquillo, manía manifestada cada vez que piensa en los cholos ‘H’ (Huamán, Humala). Lo volvió a hacer durante la fiestita adornándose de sueños húmedos lejos de la paranoia CPI. Ahora está un poco desencajado, contrariado, con un tic nervioso de electroshock Pikachu; dice: “chesu, ¡era luto por lo de Pisco!”. Mientras tanto, su mujer lee una carta en francés como lo hizo en esos días de residencia gala, leyendo a Prévert, otoño, hojas naranjas y sobando una panza de calabaza. Pero mantiene aún esa imagen en su cabeza, la de las miraditas toneras hacia su papito: eran las fabulosas Lucianita y Mechita, las nice nice sandungueras que le tiraban más lente a su papito que ‘broca’ en el puente Quiñones. Be careful, lady Nores. El ‘man’ se asoma al balcón, bosteza y aún no se sacude de esa última tonada de los de Monsefú: “Caray, qué pegajosos, peor que Mantilla y sus galgos”. Se decepciona cada día más de sí mismo. Toma más Prozac. Esta vez en gelatina. “Una semana negra con perro blanco bañado en combustible”, dice, creyéndose poeta bajo un cielo gallinazo. El corazón de los pisqueños está saltón. Todo el Perú también, en un ‘Juat!’ sempiterno ante la tonera debilidad de su mandamás. Por favor, que venga un Freud y le tome el pulso. Algo terrible pasa en su cabeza.


    Luis Torres Montero

    Luis Torres Montero

    Malas palabras

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