Deshojando la margarita

Ese ministro me quiere, no me quiere. Me quiere para sus cortinas de humo, o no me quiere para sus old mamparas de geisha –recuerda los noventas, lover boy-.

Por Diario La Primera | 13 ago 2010 |    

Me quiere, no me quiere. Me quiere dictar cátedra de transfuguismo, o quiere que le dé maestría en el onanismo, masturbación crónica con los cinco dedos de furia top de mi baño ese es el ritmo, me quiere o no me quiere. Me quiere ver lejos de la prensa escrita, o sólo me quiere leer bajo la audiencia de la encerrona maldita, me quiere, no me quiere. Me quiere ver en el exilio por palabra bien dicha, o no quiere entender nada de líricas contra la pedofilia de la iglesia finita. Me quiere, no me quiere. Me quiere que sea de Derecha, o quiere que Lord Cipri sea mi mano derecha. Me quiere, no me quiere. Me quiere con las piernas partidas, o no me quiere con los dedos sobre el teclado para decirle sus verdades a pesar de la aprista brisa, me quiere, no me quiere. Me quiere peleando con él como alguna vez lo hizo con un congresista a las afueras de un set de América Televisión, o me quiere tierno y jadeante en el trono analizando su duro trabajo ministerial, para mí, es todo un honor. Me quiere, no me quiere. Me quiere aparecido en los Enemigos Públicos, o no me quiere conversando con Rosa María Palacios, o Álvarez Rodrich, o César Hildebrandt. Me quiere, no me quiere. Me quiere ver asustadito en un rincón borracho deshojando margaritas, o no me quiere bravo, bien puesto, firme y con sed de mi verdad imaginativa, me quiere, no me quiere. Me querrá en la cana, o me querrá haciendo ranas (guarda). Me quiere, no me quiere. Me quiere ver comulgando la manera de ver él su mundo, o me quiere ver pudriéndome en el otro mundo, me quiere, no me quiere. Definitivamente me quiere, móntate en mi Sk8, bad boy, patinarás muy rico.

    Luis Torres Montero

    Luis Torres Montero

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