Desconocía mayormente

Encantadora la entrevista que diera Francis James Allison ayer en una radio archifamosa.

Por Diario La Primera | 26 nov 2009 |    

Es la primera entrevista que oigo donde el diálogo –esa molestia de la ortodoxia periodística- queda suprimido en beneficio del entrevistado. ¿Para qué dialogar si antes se ha conversado?

Allison dijo en un altisonante monólogo casi sin interrupciones que es inocente, que todo ha sido un malentendido, que su caso es administrativo y no penal, que desconocía mayormente la ley estadounidense que obliga a declarar el trasiego de dinero en efectivo, que el dinero que tiene lo ha obtenido trabajando toda su vida como abogado exitoso, que sigue queriendo a Alan García y deseándole lo mejor a él y a su gobierno, que la dureza de algunos comentarios no le afecta porque es un hombre fuerte que se quedó sin madre cuando tenía seis meses de edad, que jamás cometería un delito y que nunca metería a su propia mujer en algún problema.

Los periodistas que lo escuchaban –uno de ellos un amigo queridísimo de fiestas y alegrías- no le hicieron ninguna pregunta que pudiese ser calificada como tal y, por supuesto, el señor Allison les dijo que ellos sí que eran periodistas de verdad, que por eso había llamado a esa hora determinada a la radio y que esa sería la única y la última entrevista que iba a conceder, faltaba más.

Ni una pregunta hirió al sospechoso de Miami.

No le preguntaron, por ejemplo, por qué su esposa, inducida por él, llenó un formulario mentiroso.

¿No era que él no sabía “absolutamente nada” de la ley que obliga a declarar el dinero que se lleva a la salida de un aeropuerto de los Estados Unidos? ¿Y si ignoraba que eso era un derecho del gobierno de los Estados Unidos, por qué permitió entonces que su mujer dijera, primero, y firmara, después, una declaración jurada donde había una grosera falsedad?

¿O es que, enterado por el agente aduanero de aquella “ley que ignoraba”, le dijo a su cónyuge que mintiera y que nada pasaría porque no se atreverían a revisarlos?

¿No es que el verdadero asunto era que ese dinero no podía entrar al sistema bancario peruano porque su procedencia resultaba inexplicable por más recibos que expidiese Business Track?

Ni le preguntaron por qué está con grilletes electrónicos, bajo fianza y en arresto domiciliario si su caso constituye “una falta administrativa”. Ni si acostumbra a andar con sus ahorros en los bolsillos de la chaqueta por los aeropuertos del mundo. Ni por qué prejuicio romántico y vagamente rural desprecia las transacciones electrónicas y las ventanillas formales de la banca.

No le preguntaron nada. Lo dejaron hablar y hablar como si de un calumniado se tratara. Y como si los oyentes fueran cretinos que se iban a tragar el cuento ese de que “como estoy ahora desempleado, vengo a Miami y saco algo de mis ahorros para pagar las cuentas y el colegio de mis hijos”, pobre ángel.

Es que Allison no está solo.

Para que el mundo de los Allison exista es imprescindible que mucho de la política, de la barra de abogados y de la prensa tenga ese aspecto alarmante que tienen los cadáveres de varios días.

Ese aspecto y ese olor que distingue a la materia descompuesta.

A un contrabandista de dinero, próximo a Business Track, hay que propinarle alguna incomodidad. ¡Un poco de vergüenza profesional, por favor!

Aunque sea una preguntita como esta: Mister Allison, ¿podría decirnos por qué eligió un vuelo de Copa con parada en Panamá? ¿Por qué quería pasar por Panamá cuando hay cuatro vuelos directos de Miami a Lima en aerolíneas mucho más globales?

¿O es que ya le habían dicho que, a raíz del caso Business Track, podían pedir el levantamiento de su secreto bancario y usted estaba borrando huellas y abriendo nuevas cuentas con el nombre de su mujercita o de algún familiar capaz de pagar fianzas? ¿O no abriendo cuentas y trayéndose los fajos directamente a Lima? ¿O es que escogió Copa precisamente por ser una empresa discreta donde no volaría un ex ministro del doctor García?

Pero no. Ninguna pregunta. Naca la pirinaca.

“Gracias Francis”, dijo una voz al terminar.

“Gracias a ustedes”, dijo Allison.

Tengo la convicción de que el señor Allison jura que todavía está en Lima y que todo aquello es una pesadilla. Está convencido de que va a hablar con algún vocal de Alas Peruanas, con algún supremo sinvergüenza, con algún sinvergüenza supremo, y que todo se va a arreglar. Como antes. Como siempre.

Porque han pescado al trucha Allison. Pero la laguna negra está llena de manatíes de la cutra. Y algunos de los que han salido a condenarlo terminarán arponeados por un ballenero japonés.

Y es que en el reino de Alí Babá Kurí don Francis Allison no llega ni a portero. ¡Vuela en Copa!


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista