Desafíos después del cierre

Con el cierre de la Parada y el traslado de parte de sus beneficiarios al nuevo “Mercado mayorista de Santa Anita”, podría comenzar el fin de los feudos de unos reyes y reinas (de papas, camotes, limones, plátanos, costales y una larga lista de etcéteras) que tuvieron las manos libres para hacer lo que querían; podría también reproducirse el viejo modelo anterior, pero seguramente con más orden y limpieza.

| 04 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
Desafíos después del cierre
LA PARADA
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La parada fue un gran centro de acopio y distribución de alimentos, el punto central de una larga cadena de intermediación que comienza con los productores de alimentos en chacras de los Andes, la Amazonía y la costa y que termina en los millares de “paraditas” alrededor de los mercados los grandes centros urbanos. Muchos son los eslabones de esa cadena y los precios se multiplican varias veces entre los puntos de partida y de llegada.

El funcionamiento de los centros de acopio de alimentos parte de un principio muy simple de la economía mercantil: se compra, vende y revende pagando los precios más bajos a los productores y tratando de obtener la mayor ganancia posible.

Las grandes tiendas como Saga Fagabela o Wong, los mayoristas de la Parada y los pequeños vendedores en los miles de pequeños mercados del país buscan la mayor ganancia comercial posible.

En casi cincuenta años, los llamados reyes de la Parada han pagado los precios más bajos a los productores, evadiendo impuestos con gran impunidad porque los gobiernos y la autoridades municipales han sido sus cómplices para hacerse de la vista gorda y “aquí no pasa nada”.

Como consecuencia de esta enorme irresponsabilidad gubernamental en Perú, un kilo de papas cuesta tanto como una caja de fósforos, como no ocurre jamás en un país de esos a los que se llama desarrollados. Si las multinacionales fuesen los productores de papas no permitirían esos precios.

Llega un camión del Valle del Mantaro con cinco toneladas de papas, entra a la Parada, un mayorista le compra todo al precio que quiere, y le dice al productor o al intermediario, vuelve pasado mañana por tu dinero.

En cuestión de minutos, los minoristas le compran al mayorista unos sacos de papas pagando al contado. Por otro camino, el mayorista adelanta al productor un dinero, lo habilita y engancha para quedarse con la cosecha.

¿Negociación de precios en ambas vías? Ninguna; ¿otras opciones? Ninguna. Las ganancias de los reyes de la parada han sido siempre extraordinarias. ¿Lo sabe la SUNAT? Con benevolencia, digamos que sí. ¿Pagarán algo de impuestos? Parece que no.

El entendimiento debajo de la mesa con gobernantes, funcionarios municipales y jefes policiales parece haber sido la norma para que nadie se atreva a cambiar el orden establecido.

Aquí la palabra clave es control. Para los defensores fundamentalistas del mercado -salvo el mercado todo es ilusión- no hay que controlar nada, el mercado se regula solo; en otras palabras, dejemos que cada uno cobre y gane lo que quiera.



Cambiar las reglas del juego para que los comerciantes tengan ganancias razonables es uno de los grandes desafíos para que el gran paso dado por la Alcaldesa de Lima y su equipo se consolide y vaya más allá.

Lima tenía alrededor de un millón de habitantes hace 50 años. Ahora tiene prácticamente 9 millones. No hace falta un nuevo “mercado mayorista” sino por lo menos tres grandes Centros de Acopio y Distribución de Alimentos, además del nuevo de Santa Anita, uno por cada cono: Sur-Villa el Salvador, Norte-Comas, Este-San Juan de Lurigancho.

Esa es la lógica que impone la realidad. Hace falta crear también dos grande Centros de Distribución de Pescados en la zona central y en Lurigancho, además de los ya existentes en Ventanilla y Villa María del Triunfo.

Si tomamos en cuenta la diversidad-heterogeneidad cultural del país y de Lima, la misma realidad exige que seamos capaces de crear CENTROS DE CULTURAS (así en plural) en los cinco conos y uno más en una hectárea del espacio que deja el mercado mayorista de La Parada para que todas las culturas del país se expresen y disfruten de todas sus artes con la mayor libertad posible en espacios especiales creados para eso, sin copiar a nadie. Hasta hora los alcaldes han creído que todo lo que Lima necesita es cemento y más cemento.

Por su parte, los responsables de la llamada “alta cultura” (así, solo en singular,) creen que su cultura, (óperas y zarzuelas y algunos etcéteras) es la única y merece teatros que valen millones de dólares, en el centro de Lima y alrededores, mientras las culturas de todos los pueblos nacidos en esta tierra se expresan en pampones de los conos o en campos deportivos de colegios, sin merecer un sol de inversión alguna.

Susana Villarán acaba de ganar una gran batalla. Podría pasar a la historia si además del cierre de La parada y del comienzo de una gran reforma en el transporte, propone nuevos centros de acopio de alimentos agrícolas y de pescado en los conos y de un gran parque y un gran Centro de Culturas allí, en el Corazón de la Victoria. Lima tendría otro rostro, humano, alegre, lleno de todas las artes de todas nuestras culturas. (Lima, 29 de octubre, 2012).


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Rodrigo Montoya Rojas

“Navegar Río Arriba”