Derrota impecable

A estas alturas la derrota militar, política y moral del gobierno y las fuerzas combinadas en Kepashiato, ha llegado a ser completa. Que el padre del suboficial César Vilca haya sido el rescatador de su cuerpo, en su primera incursión en la selva al lado de guías machiguengas, luego de 21 días de abandono ha coronado un desastre que llegó a ser calificado en algún momento con frases como: victoria impecable, cerco de mil 500 efectivos, terroristas que huyen, liberación de rehenes por presión militar, enemigo que oculta sus bajas, continuamos las operaciones de búsqueda de los policías desaparecidos, estamos bien entrenados para dominar la selva, no eran jovencitos enviados al combate, etc.

| 04 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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El saldo actual de la operación “Libertad” de Lozada, Otárola y Valdés, es abrumador: ocho militares y policías muertos, gran cantidad de heridos, un helicóptero abatido, armas perdidas, población nativa sintiéndose invadida y afectada por las operaciones aéreas (rocketeos y ametrallamientos), credibilidad oficial por los suelos y sentido de solidaridad institucional resquebrajado, ninguna baja subversiva comprobada, etc. Peor no podía haber sido. Y si esto no está aún arrasando la frágil popularidad de Ollanta Humala es porque la gente quiere creer que el presidente es ajeno a la cadena de errores que hemos visto. Ciertamente aquí es donde vienen los más difíciles dilemas: ¿protegerá Ollanta a los ministros de un gabinete que se jactaba de ser pragmático y que precisamente ha demostrado ser incompetente para resolver asuntos prácticos?

Si alguna lección deja la pequeña guerra del Kepashiato es la vaciedad del intento por subirse a victorias que no son reales y el estéril esfuerzo de los altos mandos por ocultar sus metidas de pata en nombre de no favorecer la propaganda enemiga. Ocurre sin embargo que a más de la operación de entrar a la ciudad para llevarse a los rehenes y liberarlos luego ilesos y de la fanfarronada de “Gabriel” ante los periodistas citados en la zona de combate, los llamados narcoterroristas han sido una presencia en la sombra y los que han hecho la noticia han sido las fuerzas enviadas a combatirlos. Por tanto la mala propaganda ha sido un logro de sus jefes políticos y militares que fallaron en sus decisiones, como que aún siguen discutiendo cuál es el enemigo que enfrentan, por qué hizo lo que hizo y en qué valle es donde finalmente se está combatiendo, si el Vrae está al otro lado del cerro.

Hay otra cosa que debería aprenderse: la desconfianza de la población local no ha venido del aire. Para ellos los uniformados no están defendiéndolos, como que nunca han estado cuando han pedido por ellos, sino que desarrollan una guerra que viene de afuera, por encargo. Por eso la gente se defiende sola y se desplaza rápidamente antes de quedar entre dos fuegos o sufrir el riesgo de ser baleada desde el aire. Por eso le dieron apoyo a Dionisio Vilca para hallar a su hijo y ayudaron al suboficial Astuquillca, pero se negaron a asociarse a las operaciones policiales-militares para evitar otra emboscada. En Lima, sin embargo, el ministro Otárola que ya se alineó con el fujimontesinismo en el asunto Chavín de Huántar, está pensando adoptar las tácticas que le proponen los medios de esa filiación: bombardear la selva para resolver el problema de los Quispe Palomino, que es el equivalente a echarle en brazos a las comunidades rurales del Vrae y Kepashiato.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista