Derecho fundamental

La base de un programa de educación en Seguridad Vial, eficiente y eficaz se inicia indefectiblemente en el reconocimiento de la calidad de vida como un derecho fundamental que nos conduce necesariamente a considerar el valor de la vida.

| 23 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 749 Lecturas
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Puede ser observado de muchas formas, según las idiosincrasias de las diferentes colectividades, pero lo que es común a todos y sin diferencias, es la vida en sí misma, como un valor absoluto, evidentemente, dependerá su aplicación a través de la cultura de cada sociedad. El factor comportamiento en valores es el más difícil de inculcar al ser humano. Tiene una vinculación muy íntima con el valor que cada uno le damos a nuestra propia vida y el valor que asignamos a la vida de los demás. Por consiguiente, la Educación en Seguridad Vial es un aprendizaje real a través del reconocimiento de los valores, en primera instancia, en los niños y adolescentes y posteriormente en los adultos. A diferencia de la Prevención en Seguridad Vial que son acciones concretas es de necesidad vital HOY, para reducir drásticamente las consecuencias producidas por los accidentes viales. La normatividad o sea el reglamento de tránsito, es una suerte de valor que reconociéndolo y cumpliéndolo como tal, evita la anarquía en la que nos encontramos en la actualidad. La Prevención traducidas como acciones de anticipación y percepción de los riesgos que implica hoy en día la vía pública que representa la señal de peligro. Nos induce a respetar los controles que están representados por la presencia de autoridad que deberá actuar solo cuando esta escala de valores no sea respetada. Por último, en esta suerte de inventario de principios tenemos la supervisión profesional y tecnológica de la vialidad y su respectivo régimen de sanciones que debemos entenderla y aceptarla como necesaria represión para los incorregibles que ponen a diario en peligro a los otros ciudadanos. Lejos estuvieron las autoridades de la administración anterior, de entender el espíritu de este emprendimiento, como reza una vieja enseñanza, la IGNORANCIA ES ATREVIDA, en el caso de estos, fue groseramente atrevida. Continuaré. Hasta mañana.

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Federico Battifora

Rompemuelle