Democracia en ritmo de tango y de vals

Creo importante en este momento del país comenzar a discutir con mayor profundidad lo que podríamos llamar la primera regla de nuestro sistema político: el que pierde las elecciones termina por gobernar el país. Con ello no solo queremos remitirnos a la actual coyuntura sino también a los que muchos consideran ya una parte sustancial –y por qué no, una maldición- de nuestra actual historia política.

| 05 agosto 2012 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
Democracia en ritmo de tango y de vals
NUEVA DEMOCRACIA
1842

Si se observa bien, desde los años noventa el país vive una suerte de transición perpetua. La implantación de un sistema democrático conforme pasan los años se asemeja mucho a la línea del horizonte: cuando creemos que estamos más cerca de ella, más nos alejamos de la misma. Es esta proximidad y al mismo tiempo esta lejanía la que genera una sensación primero de entusiasmo para luego transformarse en una gran frustración.

Eso pasó en los años noventa luego de la derrota de Mario Vargas Llosa y el triunfo de Alberto Fujimori. Se volvió a dar con Alejandro Toledo, Alan García y, ahora último, con Ollanta Humala. En todos estos casos el proceso ha sido más o menos similar. Como candidatos levantaron un programa de cambio, para luego hacer, justamente, lo contrario.

Y si bien estos hechos demuestran que la llamada volatilidad de los electores peruanos es acotada (en cada elección votaron por aquellos que ofrecían el cambio), lo cierto es que estos mismos hechos han determinado que no existan partidos consistentes de derecha o de izquierda, como tampoco un sistema de partidos.

Las razones principales que iniciaron este proceso hay que encontrarlas en los años ochenta: la violencia política, la crisis económica, el fracaso del Apra y el “suicidio” de la izquierda, el nacimiento de los llamados independientes, pero también la frustración que representó el Fredemo en las elecciones de 1990. No hay que olvidarse que este frente, compuesto por AP, PPC y Libertad, obtuvo una votación casi similar a la que lograron la suma de AP y PPC en las elecciones de 1980. El aporte de Libertad fue, en realidad, mínimo.

Al final de los ochenta se podría decir que el escenario que montó la joven democracia de esos años se desplomó, como también las instituciones que lo sostenían. Los partidos se licuaron, el Estado sobrevivía a duras penas y la legitimidad que requiere todo proceso de acumulación capitalista estaba fuertemente cuestionada, lo mismo que la legitimidad estatal.

LA DERECHA
Fue ese contexto el que permitió que la regla que nos dice que aquellos que pierden las elecciones ganan el gobierno se implantara en el país. Y si bien se puede decir que el surgimiento de esta regla tiene como explicación la decepción de los partidos y la debilidad del Estado, el dato más importante fue el fracaso de la derecha política.

Se podría afirmar que en esos años la otra derecha, es decir los grandes grupos económicos, optó por una nueva estrategia: autonomizarse de los partidos de derecha y jugar a lo que Francisco Durand ha llamado “la captura del Estado”. Las elecciones pasaron a un segundo plano. Los años noventa fueron la construcción de un nuevo Estado y de una “nueva democracia” hechos a la medida de los intereses empresariales.

Su expresión más acabada fue la Constitución de 1993 pero también una manera de gobernar que renunciaba a la política como forma de organizar al Estado y a la sociedad y que se basaba más bien en el clientelaje, los lobbies, la corrupción y en una tecnoburocracia aparentemente antipolítica que terminó por copar el Estado y ser la representante de esos grupos empresariales.

Y si bien, como afirma el propio Durand, en la primera década de este nuevo siglo se pasó de una captura del Estado extrema a otra moderada, la regla política no solo continuó vigente sino que se reforzó si se toma en cuenta los reiterados fracasos electorales de la derecha política.

La derecha económica y empresarial terminó así por aceptar el slogan de Abimael Guzmán: “salvo el poder todo es ilusión”. La democracia y las elecciones adquirieron un tono tanguero: “hoy un juramento, mañana una traición”.

No es de extrañar, por ello, que el actual malestar de la población respecto a la democracia se fundamente no solo en el mal funcionamiento de las instituciones sino además, como señala el Latinobarómetro, en una percepción muy clara de que el gobierno solo sirve a los ricos. Entre los años 2004-2010 solo un 16% de peruanos cree que se gobierna “para el bien de todo el pueblo”.

CONFLICTO
Asistimos así a un conflicto abierto entre una nueva voluntad popular que busca el cambio como consecuencia de una conciencia igualitaria pero también de la permanencia de la democracia electoral (por ello se viene expresando a través de las urnas), y esta suerte de secuestro a la que es sometida la democracia y el gobierno cada cierto tiempo por una derecha que ha capturado al Estado, que ha convertido al MEF en su santuario y a la mayoría de los medios en su guardia pretoriana, a lo que se añade esta obsesión macartista de buscar “caviares” y “rojos” en la administración pública. Una suerte de pureza política que traiciona cotidianamente al discurso liberal.

En este contexto la pregunta es cómo superar esta democracia con aires de tango. Una respuesta posible es transformar esa voluntad popular-electoral que busca el cambio y la igualdad en una fuerza política coherente capaz de fundar una nueva identidad popular y una mayoría política como hoy sucede en Argentina o Bolivia.

Pensar así, es ir un poco más allá del tema electoral que es, justamente, lo que no ha hecho la oposición de izquierda. La política no es solo ganar las elecciones, es además, disputarle el poder y el Estado a esa derecha que cree, como diría un vals, que éstos son “su propiedad privada”.

Nota: Francisco Durand: “El debate sobre la captura del Estado”, pp. 19-57. En: Perú hoy. La gran continuidad. Eduardo Toche (comp.). Lima: DESCO, 2012.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | |


...

Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino

Deje un comentario

Loading...