Democracia “decisional”

1).- ¡La esperanza vencerá al miedo! Fue uno de los principales slogans de la campaña de GANA PERU. Era la respuesta a quienes acusaban al candidato Ollanta Humala que de salir elegido iba a establecer el control de cambios, eliminar la libertad de prensa, nacionalizar las empresas, etc., etc.

| 05 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 2k Lecturas
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Aunque pareciera que hubiera pasado ya mucho tiempo, en realidad, apenas han pasado seis meses de la victoria electoral y solo cuatro de instalado el nuevo gobierno. Las cosas ciertamente no han transcurrido como pensaban los de arriba y tampoco los de abajo (términos usados por el candidato de entonces). Pero con seguridad, los dos sectores han sido ganados por la sorpresa. Aunque pareciera que tanto la esperanza como el miedo pueden cambiar de lugar; el tránsito no sería tan fácil, el camino estará lleno de vicisitudes, disputas y enfrentamientos. El apoyo conseguido en los sectores D y E empieza a resquebrajarse y se requiere corregir algunos errores, como viene ocurriendo, para que la esperanza se instale nuevamente en sus mentes y corazones. Pero, del otro lado, se necesitaría mantener lo esencial del continuismo instaurado desde los años 90 para que el miedo de los sectores A y B termine de desaparecer. Misma cuadratura del círculo. Si no, que se aprecie el esforzado papel de apaga incendios de la PCM.

2).- En realidad, el Gobierno de Concertación en lugar de haberse basado en la convergencia de las políticas y planes gubernamentales, seguramente por la presión de algunos (para subirse al coche) y premuras electorales de otros (lo importante es ganar), se instauró bajo un esquema que Sinecio López denomina “democracia decisional”, es decir, basada en el poder presidencial para decidir con autonomía el curso gubernamental.

Este modelo indistintamente se ha dado en escenarios de la región ganados por la derecha o por la izquierda; cuando la precariedad de las instituciones estatales es notoria y priman el desorden y la falta de credibilidad. En nuestro caso, más aún, cuando el Congreso muestra las limitaciones de nuestra “democracia realmente existente”, la corrupción corroe todo el país y la ausencia de los partidos como eslabones entre la población y el Estado es clamoroso (Cambio Radical, Renovación, UPP, etc, etc, ¿a quiénes representan?); también el PNP y GANA PERU, guardan silencio y lo único notorio es su inacción incomprensible.

No es que la propuesta del Gobierno de Concertación fuese equivocada; por el contrario, un gobierno instalado sobre una frágil mayoría electoral (aunque para dejar el mito de los “apoyos decisivos”, bastaría comparar los números con la segunda vuelta del 2006) así lo requería. Pero pudo haber tenido otro desenlace. Mantener el crecimiento económico pero con un apoyo comprometido de las mayorías. Pero esto sería materia de otro balance.

3).- Actualmente, el curso de las principales políticas gubernamentales es producto de este modelo “decisional” que gira en torno a la figura presidencial y al entorno, fijo y circulante, más cercano. El pueblo no ve mal este modelo ante la ineficiencia de nuestra democracia de baja intensidad. Con mayor razón los de arriba, acostumbrados a todo tipo de trato directo con el poder político para sacar ventaja, aunque ahora las cosas no les vayan del todo bien. Pero, hay que advertirlo, de seguir con la actual situación, las cosas se pueden complicar.

Pareciera, pues, que la necesidad de una profunda reforma política que haga eficiente a nuestra democracia, ya es impostergable.


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista