Deja eso ahí que es de “El abuelo”

Ni Margarita Cisneros ni su esposo Juan Carpio estuvieron de acuerdo en que Zoila, la sobrina de Huaral, viniera a acompañarlos; pero como insistía tanto, dijeron que está bien, que además es solo por un tiempo.

| 15 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Margarita y Juan se fueron quedando poco a poco solos en casa, porque sus hijos se fueron uno a uno. Pero la tristeza no era tan fatal porque el padre de ella, don Toño, un anciano jovial, a quien todos le decían “El abuelo”, vivía con ellos. Sin embargo, había muerto hacía dos meses.

Desde que “El abuelo” se fue la casa no era la misma y también quizá por ello aceptaron que la sobrina de Huaral viviera con ellos. Zoila no fue a la casa de Margarita y Juan por voluntad, sino porque los familiares y los amigos de la pareja le conminaron que debía ir a salvarlos de la soledad y de paso estudiar algo.

A Zoila le pareció una buena idea y cuando llegó a la casa empezó a cambiar todo. Mejoró los jardines de afuera y dentro de la casa. Mandó a pintar la fachada con un calor claro llamativo. Lavó las cortinas y las alfombras. Sacó a la calle algunos muebles viejos para cambiarlos con otros y cuando estuvo a punto de botar una silla mecedora, Margarita y Juan dijeron casi al unísono: Alto. Deja eso ahí que es de “El abuelo”.

—Pero está vieja y le da un aspecto antiguo a la sala y eso no les conviene.

—¿No nos conviene? ¿De qué hablas?

—Digo que no es bueno que este mueble permanezca aquí, porque les hace recordar a “El abuelo” y los pone tristes.

Juan estuvo a punto de reventar y como siempre, cuando ocurren esas situaciones, le dijo a Margarita al oído: “Encárgate tú de esta cojuda, yo vuelvo en un rato”. Margarita entonces actuó con sabiduría.

—Hija, este mueble debe quedarse aquí, porque me recuerda a mi padre y eso me gusta.

—Ay, tía, yo solo quiero ayudar y, a mi parecer, este mueble debe botarse. Hay que botar lo que no sirve.

—Hija, ese mueble se queda.

—No, tía, yo quiero ayudar y ustedes no se dejan. Este mueble está viejo y no sirve. Hay que botarlo.

—Bueno, Zoila, está bien, pero más tarde. Ahí afuera en el jardín hay un macetita, ¿podrías traerla?

—Está bien, tía.

Cuando Zoila salió al jardín, Margarita cerró la puerta con llave. Luego llamó a Juan por celular: “La cojuda está afuera. Ahora te toca a ti. Despídela. Yo lanzaré sus cosas por la ventana”.


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