¿Debe desaparecer la Comisión de Ética?

Claro que sí. No hay en el otoronguismo garantes éticos que puedan tener la superioridad para juzgar a sus colegas.

| 11 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 792 Lecturas
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Por supuesto es fácil castigar congresistas del montón como el “comeoro” y la “robacable”, y ocultar pecados graves como los del “roba-agua” Melgar Valdés y otros individuos influyentes.

La Comisión Lay, por cierto, llevará para la historia la vergonzosa suspensión impuesta a Javier Diez Canseco, que un juez acaba de anular por haberse cometido todas las faltas de procedimiento lo que va de la mano de la arbitrariedad de la acusación.

Uno de los pocos parlamentarios con trayectoria limpia, al que quisieron ensuciar como si se tratara de un corrupto que propone leyes para favorecer a alguien de su familia, cuando se trataba del interés de muchísimas personas –incluidos los aportantes de las AFP–, que están encadenados a la titularidad de acciones de inversión que no tienen capacidad de decisión en los procesos de fusión y traspaso de empresas.

Esta sanción, producto de la venganza política, se aprobó de manera irregular, pisoteando los principios legales. Y eso ha sido confirmado judicialmente.

Pero entonces salta la Comisión de Ética, especialmente esos tres que simbolizan el nuevo pacto apro-fujimorista-castañedista, y que fueron los que llevaron el caso ante el Pleno, a decir que al Congreso (o sea a ellos), nadie le puede enmendar la plana.

¿Y no se la enmendaron en el caso del desafuero de Martha Chávez que fue repuesta con todos sus haberes devengados, y que no tiene vergüenza de decir ahora que aquí podría haber corrido plata?

¿Y no se la enmendaron también en el caso Luna Gálvez, que después de circular alrededor de Montesinos volvió al Congreso como asociado de Castañeda?

La pregunta es si una circunstancial mayoría en una comisión y un pleno en el que Gana Perú decidió inclinar la balanza, pueden hacer lo que quieran con un congresista de minoría y no ser objeto de control de otros órganos del Estado.

Por eso la Comisión de Ética está doble o triplemente descalificada: porque ante la evidencia de que obró mal, como lo sabía todo el mundo, se ha refugiado en su condición de intocable, como si sus errores fueran materia definitiva.

Así que Lay y compañía deberían renunciar y decir caballero nomás, la hicimos mal y nos vamos a casa. Pero el tema es más grave: ¿con quién se les reemplaza? Y miramos el Congreso y no hay composición multipartidaria que pueda recibir una misión de vigilar la ética.

Que deben haber sanciones por actos que congresistas cometen en su función o en su vida privada, no cabe duda. Pero si a los jueces les hicieron un Consejo de la Magistratura. ¿Por qué no puede existir un nivel del Estado que vigile a la representación elegida? Digo nomás.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista