De sombras y gabinetes

Un diario publicó una nota con el titular PP define en dos días su “gabinete en la sombra”, titular que amerita algunas reflexiones. “Gabinete en la sombra” se usa en el argot político para referirse al poder oculto; frase certera que denomina algo impropio en democracia, que es visibilidad y responsabilidad en los actos gobierno y no ocultamientos e irresponsabilidades.

| 25 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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La palabra “gabinete” refiere a un colectivo con poder real para disponer acciones, y “sombra” - en el sintagma del titular- denota ocultamiento; por lo que el significado de “gabinete en la sombra” refiere a un poder oculto y, por ello, irresponsable frente a la ciudadanía.

Únicamente el Ejecutivo, más precisamente, el Presidente de la República, puede engendrar algo que pueda denominarse gabinete en la sombra. Un partido político o cualquier otra organización ajena al poder constituido, carece de tal capacidad.

El poder en un Estado democrático está normado por leyes. Los poderes - ejecutivo, legislativo, judicial y electoral- funcionan de acuerdo a normas que establecen de qué manera, quiénes, en qué instancias y con qué procedimientos deben proceder.

La construcción de la democracia, en la que estamos empeñados, exige combatir a los poderes sombreados. Al primer gobierno de Belaúnde se le criticó la existencia de un grupo poderoso denominado “Los carlistas”. Los coroneles que, con Velasco, elaboraron el Plan Inca constituyeron una suerte de gabinete en la sombra que salió a la luz el 68 con un golpe de Estado y su sombra sobrevivió en el COAP, instancia supra ministerial cuyo poder era definitivo.

El segundo gobierno de Belaúnde no conoció poderes ocultos, pero sí sufrió la presión de grupos económicos en busca de atajos para sus intereses. El primer gobierno de García fue ineficiente pero demócrata, aunque por ahí se especula que algunos amigos sin ser funcionarios influyeron malamente en su programa económico.

Fujimori fue oscuridad, y junto con Montesinos, apagó las luces del país para facilitar quizá el mayor robo de la historia peruana. Paniagua, gran presidente, fue puente corto hacia la democracia.

Toledo concretó la democracia formal: los ministros fueron ministros antes que secretarios y los otros poderes del Estado actuaron con absoluta independencia. En el segundo gobierno democrático de García prosperaron los grupos de interés con el argumento de la promoción de inversiones.

Lo expuesto me permite afirmar que la decisión de PP no puede ser etiquetada como un gabinete en la sombra. Es distinto: un observatorio de las políticas sectoriales del actual gobierno. Muchas instituciones las observan desde hace décadas para criticar y aconsejar; por ejemplo, en campos de economía, educación y medio ambiente. La novedad es que ahora lo hará un partido político que, si perdió duramente las elecciones, algo útil puede decir con el lente de su propio Plan de Gobierno.

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Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto

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