¿De qué se felicitan?

El miércoles se apreció claramente que a cuatro meses de la suspensión de hostilidades en torno al proyecto Conga, las diferencias de posiciones no se han reducido. Y no tenían por qué hacerlo. Después de todo la voz del presidente sigue resonando con eso de Conga va y no acepto ultimátums de nadie, que subraya que ha puesto en juego toda su autoridad en este trance.

| 13 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.7k Lecturas
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Y el gobierno regional y los frentes de defensa colocados del otro lado siguen convencidos que Conga no va es la consigna contra lo que llaman la “traición” de Ollanta a sus promesas electorales.

¿Podía disolverse esta tremenda carga política trasladando la responsabilidad de emitir una “opinión técnica” a tres expertos contratados por el gobierno para que “despejen las dudas de la población”, como ha repetido muchas veces el premier Valdés que sabe que también su cabeza está sobre la mesa?

Obviamente que no. Las dos partes entraron en una tregua no declarada porque creían –cada una con sus razones-, que le convenía ganar tiempo. Los opositores a Conga sintieron que después del estado de emergencia de diciembre les convenía replegarse mientras el proyecto se mantenía suspendido y no había definiciones.

El gobierno, por su lado, imaginó que el tiempo le serviría para dividir el movimiento opositor acercándose a los alcaldes distritales y ofreciendo paquetes de obras acompañados del mensaje de que las está haciendo porque el gobierno regional no cumple con sus obligaciones.

Otra ventaja era afirmar la opinión pública nacional contra los revoltosos de Cajamarca, para lo cual hemos visto la campaña de los medios promineros sobre qué vamos a dialogar si el gobierno regional de Patria Roja, el frente dirigido por un exemerretista y el cura Arana siempre van a decir no. En otras palabras se ha buscado personalizar y aislar al liderazgo del movimiento.

Entonces llegamos al paro del 11 de abril, y nos damos cuenta finalmente que no solo se trata de que las estrategias no se han movido en todo este tiempo, sino que las visiones que cada quién tiene de lo que está pasando se están distanciando tanto que parece que estuviéramos mirando distintas cosas.

Ahí donde el frente de protesta dijo que iba a hacer un paro pacífico, con una movilización en la ciudad y en las provincias afectadas, con el fin de mostrar su convocatoria y eventualmente forzar el diálogo, que es lo que hemos confirmado los medios más independientes, la prensa pro Conga ha comprobado por unanimidad un “fracaso”, en el que los antimineros no pudieron impedir el tránsito ni la apertura de establecimientos.

En otras palabras, fracasó por ser pacífico, que era como se había definido. Una movilización de unas veinte mil persona en todo Cajamarca debería merecer un poco más de atención para lo que viene.

Pero como se dice: si toman medidas de fuerza dispárales, y si actúan sin violencia ignóralos. Jalisco siempre gana. Una secuencia como la que estamos empezando a vivir, precedió el “arequipazo” hace diez años:

(a) protesta pacífica y burla contra los manifestantes que “no pudieron sembrar el caos”; (b) interpretación del conflicto como un asunto de las cúpulas y de Patria Roja; (c) gobierno que da el paso de la privatización, a pesar de las protestas; (d) conflicto abierto, violencia y dos muertos; (e) se deja sin efecto la privatización y caen varios ministros.

Así que uno puede engañarse todo lo que quiera. Lo que no puede hacer es subestimar al adversario, sin pagar las consecuencias.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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