De robots que leen, a humanos que entienden

Hay palabras o expresiones que debemos “leer” volviéndolas a aprender. Esclavitud. Habíamos aprendido que Ramón Castilla la abolió hace tres siglos, pero hoy asoma tras la modernidad a través de los niños mineros que trabajan en largas jornadas con cianuro en las manos y polvo en sus pulmones; o de las adolescentes secuestradas para la explotación sexual en los campamentos mineros de Madre de Dios y otros infiernos que existen bajo cielo peruano.

| 14 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Libertad de prensa. Consagrada por la Constitución, pero continuamente profanada. Hoy en día el término puede convivir sin problemas con el asesinato de periodistas y la absolución incomprensible de los acusados (caso Valdez, Pucallpa)

Diálogo. Entendido originariamente como comunicación horizontal y abierta, hoy se lo esgrime y “defiende” militarizando las zonas donde está el interlocutor.

Salario Mínimo. Concebido como el que asegura al trabajador y a su familia, alimentación adecuada, vivienda digna, vestuario, educación, salud y recreación, ha naufragado en medio del reinado del mercado reduciéndose a la ínfima cifra que se exige a las empresas formales, quedando en manos del asalariado hacer magia para que alcance para comer. Perdió su connotación de derecho y depende de la voluntad política para su incremento siempre parcial y limitado.

Pobreza. Hoy debemos entenderla solo artificialmente, ya que nadie se explica por qué una persona que gana 300 soles al mes ha dejado automáticamente de ser pobre estadísticamente.

Riqueza. Hoy la generación de riqueza se dice perfectamente compatible con la depredación del medio ambiente. Total, lo que se cuenta son las ganancias provenientes de las industrias extractivas y no se contabilizan las irreparables pérdidas por recursos naturales.

Igualdad de género. Se transmite como un concepto sin mayor importancia ni prioridad. Podemos estar tranquilos si nos comparamos con los musulmanes que discriminan y violentan a sus mujeres echándoles ácido sulfúrico en la cara. Nosotros somos un país civilizado y próspero donde solo se les echa agua hirviendo a las mujeres y si mueren 120 al año no importa, porque crecemos a un ritmo de 6% anual.

Operación impecable. Se nos insta a aceptarla como aquella que puede ir acompañada de varios muertos y heridos y un helicóptero derribado (VRAE).

Hoy se plantea mejorar los aprendizajes en comprensión lectora como meta. Hace pocos años especialistas del Banco Mundial instaban, cronómetro en mano, a leer el mayor número de palabras en el menor tiempo posible. Otros reducen la lectura a descifrar textos, empobreciendo el aprendizaje al confinar la “comprensión” a los linderos del texto mismo (ubicar el significado de las palabras, identificar los personajes y sus características, deducir el tema central del texto, reconocer el orden en que se suceden las acciones, etc.). Es urgente recuperar el significado de la lectura como comprensión crítica sobre los mensajes recibidos, hecha desde una reflexión sobre los acontecimientos de nuestro entorno. Sin los pies en la realidad la lectura se transforma en algo mecánico y pierde su carácter trascendente.


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Teresa Tovar Samanez

A ojo de buen cubero