De la reforma del alma a la revolución silenciosa

Súbitamente inspirado por el pronto inicio del año escolar, nuestro locuaz Presidente, que alguna vez se entregara a predicar una profunda “reforma del alma” como salida para los mayores problemas nacionales, ahora nos informa (¡distraídos nosotros!) que el Perú vive una “revolución silenciosa” en la educación… Ciertamente debe estar siendo absolutamente silenciosa e invisible, al punto de sernos completamente imperceptible.

| 24 febrero 2009 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 511 Lecturas
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Refiriéndose más a ella, manifestó que en el sector Educación “se viene registrando importantes avances tanto en la capacitación docente, el desempeño académico del educando, como en la mejora de la infraestructura”. “Ha habido una formidable transformación y avance de los muchachos en razonamiento matemático, en lectura,… en información científica… estamos avanzando”, aseguró. Y al oírlo, rotundo, nos preocupan sus propios avances en información con respecto a la real situación del ámbito educativo, cuya gestión encargara al ministro José Antonio Chang, de no muy presentables credenciales educativas y por milagro dueño de una universidad de santo nombre que hasta aquel imprecisable suceso taumatúrgico perteneciera a toda su comunidad universitaria.

Lo cierto es que más allá de llevar a cabo, sin mayor ambición ni concierto, algunas iniciativas ya tomadas en la anterior gestión gubernamental, como es el caso de la ley de carrera docente o la del sistema de acreditación y evaluación de la calidad educativa, que duerme el sueño de los justos, nada destacable podría presentar la actual gestión educativa. Cabe recordar que, en otro de sus súbitos arrebatos, el mismo Presidente García anunció una revolución educativa de envergadura con la entrega de computadoras portátiles, comprando el paquete diseñado por Negroponte: ochocientos dólares por computadora y por la total dispensa de la responsabilidad política que supone una efectiva reforma del ámbito educativo, decisión que a estas alturas ya está claro no ocurrirá durante esta gestión, que suma así, lamentablemente, cinco años más perdidos en este terreno respecto al cual algo razonable dijo, al fin y al cabo, al afirmar, hablando de su revolución silenciosa, que “sin educación no hay posibilidad de hacer nada grande en el Perú”. Así es, y esa será precisamente una de las mayores omisiones por la que tendrá que responder luego ante el país.

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Zenón Depaz Toledo

Opinión

Columnista