De migrantes e inmigrantes

La migración es en América Latina un largo y continuo proceso constructor de nuestro mestizaje rico, diverso y variado. Después de la gran inmigración venida de Europa, con sus masacres, rebeliones, saqueos y resistencia, llegaron por aquí olas migratorias de África y Asia que dibujaron un mapa político latinoamericano cambiante que todavía no termina de estabilizarse.

Por Diario La Primera | 10 jul 2008 |    

A los españoles que hoy nos cierran sus puertas aún los recordamos suplicando entrar a América Latina huyendo del impresentable caudillo Francisco Franco, para rehacer sus vidas y las de sus familias, buscar el progreso y hacerse de un lugar para prosperar, que en muchísimos casos lo lograron. Como cambian los tiempos…

Más recientemente, el movimiento migratorio de Europa hacia América cedió el paso al movimiento de América Latina hacia Europa en busca de mejores condiciones de vida para los latinoamericanos que también huían de la pobreza y dictaduras atroces en busca de mejores condiciones de vida.

A diferencia de cuando necesitaban materias primas y mano de obra barata y servil, los españoles de hoy nos reciben con desprecio y agresividad, nos llaman despectivamente “sudacas”, nos culpan de su desempleo y de sus ciudades sobrepobladas, castigando nuestro natural interés de participar de los beneficios de la modernidad a la cual, modestamente, también hemos contribuido. ¿O no?

La retribución de los europeos no puede ser más desmemoriada y desleal. Forzar el retorno de varios millones de inmigrantes latinoamericanos a sus países de origen, donde no tendrán mejor destino, recibirlos con conductas xenofóbicas criminalizando la búsqueda de superación de la pobreza, está mal, pero es peor hacer todo eso contrariando los principios del tratado de Lisboa, la vieja prédica democrática de Europa, la reconocida solidaridad social de sus instituciones, su respeto a los derechos humanos y su ejemplar proceso de la unidad europea.

La Europa antimigrante manda al traste las pomposas ceremonias de las Cumbres Iberoamericanas y la de ALC UE, y más bien, revive ese viejo continente apolillado que la modernidad trata de superar con dificultad.

No queremos asociar la conquista con esta barbaridad que está comenzando a cometer la UE, pero cómo se parecen.

Umberto Eco ya había dicho que Europa, al cabo de algunas décadas, se convertiría en un continente multicolor, y que ese proceso costaría lágrimas y sangre. ¿Los “sudacas” que pagamos tan caro la conquista, también tendremos que pagar este costo?


    Carlos Urrutia

    Carlos Urrutia

    Opinión

    Columnista