¿De quién es la luna?

En el marco de la antigua obsesión colonizadora, los poderes terrestres han construido la fantasía de dominar el universo. Hoy el mundo recuerda la llegada del hombre a la luna hace cuarenta años, esa aventura espacial nacida de la guerra fría en la que competían los Estados Unidos de América con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y que no se resolvió por la tecnología más avanzada sino por la política más audaz: la URSS gastó todos sus recursos en ganar la guerra tecnológica al espacio mientras USA invirtió en desunir a la Unión Soviética y, así, ganó la guerra de las galaxias.

| 23 julio 2009 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 501 Lecturas
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En esos momentos, la carrera estelar parecía significar la ruta para liderar el planeta, en lo que la URSS tomó la delantera con el Sputnik en octubre de 1957, con Laika en noviembre de ese año y con Youri Gagarín en abril de 1961. Años después, en julio de 1969 los astronautas norteamericanos liderados por Neil Armstrong, caminaron en la luna alcanzando la “nueva frontera” soñada por Kennedy y relegando el liderazgo soviético que perdió la U mayúscula de su nombre con mayor austeridad, control político y sacrificio, mientras los estadounidenses la conservaban con mayor producción, despilfarro y consumo globalizados.

Los soviéticos descuidaron el avance de la tecnología ligada a la calidad de la producción y del consumo, a su impacto en la economía y en la vida cotidiana de su sociedad. Con ello empezó a desmembrarse a la URSS y se hundió en una terrible derrota simbolizada por la caída del Muro de Berlín, la diáspora de sus repúblicas que enterraron los principios iniciales del socialismo haciendo visibles los rasgos ocultos de un control mafioso de la economía generador de severas desigualdades sociales.

Guerra tecnológica y guerra política, siempre enmarcadas en una guerra militar que acosaba de cerca, impulsaron la globalización económica y comercial que nos llevó a la actual crisis financiera internacional y a la reconfiguración del mapa político planetario, con nuevos países compitiendo por terminar con la abusiva hegemonía estadounidense y nuevas alianzas tejiéndose para acumular fuerzas mayores a las que construyeron los poderes del pasado, cabe preguntarse ¿quién colonizará la luna y para qué?

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Carlos Urrutia

Opinión

Columnista