De Educación al Interior

La evolución de Mercedes Cabanillas de educadora a jefe de policía, quedando aún pendiente su anhelo de llegar a ser la primera mujer en la cartera de Defensa, es casi una metáfora de los cambios en el APRA.

| 22 febrero 2009 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 486 Lecturas
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Todavía recuerdo los tercos artículos de Luis Alberto Sánchez que decían, en tiempos de un APRA ya tremendamente derechizada, que no podía haber revolución sin educación (el partido todavía mantenía el mito de que las cabriolas políticas del presente, no cambiaban el objetivo revolucionario del futuro), lo que en su sentido más profundo equivalía a postergar los cambios políticos y económicos hasta que el pueblo estuviese educado.

Entonces había que preguntarse, ¿qué hizo el viejo partido por la educación durante su primer período de gobierno, cuando Meche ocupó el ministerio desde 1987 a 1989? Evidentemente no estaríamos en los trances de tomar cada año evaluaciones a los maestros y alumnos para ver si podemos empezar a salir de los últimos lugares en la calificación mundial educativa, si hubiera habido por lo menos un quinquenio real de prioridad educativa y si las decenas de miles de maestros que contrató la tía por tener carné de la estrella no hubieran bajado el promedio de calidad del magisterio.

Pero hemos llegado a esta segunda mitad de los 2000 para consagrar la educación a lo Chang, que vendió el local del Ministerio sin tener un lugar donde reubicarlo, que está convencido que lo que se requiere como política educativa es enfrentar al sindicato, y que no ha logrado subir un solo punto el porcentaje de participación del presupuesto educativo sobre el PBI, en plenos años de imparable crecimiento, y en los que además crecía su propia y misteriosa fortuna personal.

¿Y la profe Cabanillas? Ah, ella se convenció que sus ambiciones políticas no iban a verse satisfechas si insistía sobre el minimizado terreno de las políticas educativas. La Thatcher del APRA, como ahora la llaman a partir de su propio afán por hacerse imagen de “dura”, ha querido demostrar que no le teme a los “temas de hombres”, después de todo Bachelet pasó por Defensa antes de la presidencia y ¿por qué no podía ser igual para ella?

El punto es que en el camino ha terminado por hacer claro que con el APRA en el poder la educación es efectivamente irrelevante y que los futuros presidentes no procederán de esa actividad tan denigrada por Alan García, lo que equivale a replantear al viejo maestro con la fórmula de que sin orden público y aliados militares ya no se puede hacer gobierno, para cualquier cosa que uno quiera hacer con eso. García, Fujimori, Flores-Aráoz y otros forman parte de esta estirpe de políticos, que piensan que la democracia tiene que ver con quien tiene el control de las armas y mantiene a raya al resto. Lo único nuevo es que Meche cree que una mujer está mejor capacitada para ello.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista