De cuando deportaban a los periodistas

¿“Adónde vamos”? –preguntó el representante de “Human Rights Watch” expulsado de Venezuela, en la puerta del avión que estaba a punto de partir–.

Por Diario La Primera | 20 set 2008 |    

Algo parecido nos sucedió, a mediados de 1975, a Carlos Malpica, Virgilio Roel, Humberto Damonte y a mí, cuando fuimos conducidos en veloces autos hasta la pista del aeropuerto al pie de la escalerilla de un “Aerolíneas Peruanas” y preguntamos a una asombrada azafata: –“Adónde va este avión?”. –“A… Buenos Aires, por supuesto…”.

Alguien se interrogaba hace poco sobre la historia de las deportaciones de periodistas en el Perú y parece ser que son más antiguas de lo que imaginábamos. Porque el virrey Abascal envió a España “bajo partida de registro” (casi como carga) al revoltoso Gaspar Rico y Angulo, en 1812, porque su periódico “El Peruano” lo estaba incomodando.

Países vecinos prefirieron los confinamientos en provincias lejanas a las deportaciones pero en el Perú se optó por este método de acallar opositores. El presidente Leguía había ostentado el récord de destierros de políticos, sindicalistas, militares, de todo el que arrojaba alguna sombra a su extraño mandato democrático.

Pero ningún gobierno ha logrado superar a los militares velasquistas primero y moralesbermudistas después, que ostentan el galardón de los máximos desarraigos y de las maneras más duras imaginables, como la detención sorpresiva, el viaje al aeropuerto y adiós.

El primero fue Eudocio Ravines, en febrero de 1969; le siguió Enrique Zileri en mayo (por primera vez). Estuvo una noche detenido y al día siguiente lo que se haría rutina: viaje sorpresivo al aeropuerto y arriba, al primer avión con sitios disponibles. Le tocó Lisboa.

La lista es grande. Expulsaron a Elsa Arana Freire, a Luis Rey de Castro (de manera espectacular), a Luis Felipe Angell “Sofocleto”, a un grupo importante de “La Prensa” beltranista, a los periodistas de la revista “Marka”.

Pero lo peor vino con el general Morales Bermúdez, reemplazante del general Velasco.

En aquella “Segunda Fase” se persiguió, se encarceló y se deportó a periodistas como nunca.

Hace mucho que en el Perú nadie pregunta “¿Adónde va este avión”? Ojalá no se repita.


    Juan Gargurevich

    Juan Gargurevich

    Opinión

    Columnista