De chamulleros y constituciones

Hace muy poco, Alan García criticó al actual gobierno porque no pone empeño en atraer inversiones y dijo que si estuviera en el lugar de Ollanta Humala ya habría convencido a muchas empresas y estaríamos seguro creciendo a más del 8%.

| 26 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 821 Lecturas
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Por su parte, la abogada y calificada lobista Cecilia Blume volvió ayer a aquello de que el crecimiento de los últimos veinte años se debe a la Constitución fujimorista de 1993 y especialmente a su capítulo económico que crea los llamados contratos ley.

Para ninguno de los dos, por cierto, las inversiones han estado llegando porque el Perú tiene ingentes recursos, principalmente mineros, y porque se privatizaron servicios públicos a precio de huevo, obligando a los usuarios a someterse a las reglas de las empresas extranjeras.

Si se quiere el expresidente parlanchín, si hizo algo, fue convencer al gran capital de que contaban con el Estado frente a cualquier resistencia social o ambiental que afectara sus intereses, y desarrolló un intimidad y complicidad que ahora se ven reflejadas en que esas mismas empresas lo invitan a palabrear en conferencias pagadas por ellas, que permiten comprar casas en zonas residenciales una por año.

También es verdad que la Constitución del 93 permite a los abogados de las transnacionales elaborar contratos sumamente onerosos para el país y la sociedad, que luego son inmodificables, aun cuando sobrepasen la ley y contengan elementos de corrupción.

Esos contratos luego son defendidos en los medios por “especialistas” y refrendados por la tecnocracia del Estado. La señora Blume es en ese sentido un símbolo de la época, con capacidad de moverse entre las tres posiciones, sin sentirse incomoda en ninguna. ¿Cómo entonces pedirle que no exalte la Constitución que el fujimorismo impuso con un golpe de Estado y que aprobó de manera sectaria con sus votos propios, rompiendo la posibilidad de un consenso en el país, si ella lo primero que le dice a sus clientes es que aquí se puede hacer lo que se quiere con un buen contrato, porque la Constitución lo convierte en una pieza de acero?

Claro que en el crecimiento reciente hubo un auge de precios de las materias primas y una intensificación del comercio internacional, pero la situación global ya no es la misma y demorará para recuperarse.

Pero el presidente del BCR ha dicho que se espera sostener el crecimiento de los siguientes años en masivas inversiones mineras, lo que además de ser un anuncio de que se viene una alta conflictividad social en el país, significa también que, a pesar de tener ahora un presidente poco floro, seguirá el interés por el oro y el cobre.

La hipótesis es que en un mundo que pierde impulso, el Perú vende cada vez más minerales. ¿Es esta una estrategia seria?

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista