Cultura: ministerio imposible

La creación de un Ministerio de Cultura es necesaria y conveniente para nuestro país que posee una rica variedad cultural.

Por Diario La Primera | 24 set 2008 |    

Sus áreas serían la música, el cine, el teatro, la danza, los archivos, museos y bibliotecas. Sin embargo, el comercio internacional ha incorporado en el ámbito de cultura nuevas competencias como son los servicios vinculados a los audiovisuales, la propiedad intelectual y las telecomunicaciones.

Y es que un Ministerio de Cultura supone el reconocimiento y promoción de nuestra diversidad y de nuestra historia, propiciando la integración nacional y la formación de la ciudadanía. Pero, además, supone la protección de la propiedad intelectual, los servicios profesionales y los audiovisuales e incluso las inversiones extranjeras en ese campo.

Este nuevo ámbito es el que impide su creación ya que entre los objetivos del Ministerio tendrían que incluirse la regulación de las actividades culturales, los audiovisuales, la publicidad, la divulgación histórica, que son servicios que constituyen el filón más importante de las exportaciones.

La actividad cultural mueve la industria gráfica, el merchandising, las editoriales, productores de discos y videos, con recursos mayores que las manufacturas. Las telecomunicaciones involucran servicios como los noticieros, reportajes que contienen sonidos, textos y datos de la información.

El Perú, se ha excluido –por carencia de expertos y política– de intervenir en los foros internacionales sobre los servicios. El grupo latinoamericano, creado en febrero de 1990, del que no formó parte el Perú y que incluyó a siete países de otros continentes, reconocieron su potestad de regular los servicios culturales, la salud, la educación e incluso la inmigración.

Los servicios están en el centro del desarrollo cultural y democrático de cualquier país y mantenerlo fuera del ámbito ministerial sería un error para la identidad nacional. Su implementación puede originar ciertos inconvenientes como son las salvaguardias y el cumplimiento del principio de transparencia debido a que las decisiones, sobre la programación y contenido, las adoptan las empresas transnacionales a espaldas de cualquier interés nacional.

Ello explica las reservas que mantiene la Unión Europea y, en particular, Francia. Incluso los organismos multilaterales han reconocido la facultad de los países a limitar el acceso a los mercados de los medios de comunicación extranjeros por razones no necesariamente económicas. Y es que la penetración de audiovisuales impacta en la cultura y de allí a la interferencia política no hay más que un paso.

Un Ministerio de Cultura tendría que incluir estas competencias que posibilitarían la generación de recursos, evitando acudir al subsidio. Empero la actual política económica gubernamental alienta la inversión incondicional en un mercado abierto y sin precisión de los intereses nacionales, lo que nos permite concluir que será casi imposible que se cree el Ministerio, a menos que su competencia se reduzca a los museos, folklore y auspicios pictóricos. En cuyo caso bastaría con el INC.


    Aníbal Sierralta Ríos

    Aníbal Sierralta Ríos

    Opinión

    Columnista