Cuidado con los manipuladores (ras)

La manipulación es una práctica oscura, rastrera, subterránea, llena de vericuetos y principalmente es un uso abusivo del poder.

Por Diario La Primera | 12 ago 2010 |    

En cualquier ámbito de las relaciones humanas se puede presentar. Una de ellas, la parte que ostenta el poder, procura imponerse a la otra parte que carece fundamentalmente de conciencia y sobre todo de conocimiento, sobre la situación en la que se encuentra, con el agravante que en la relación manipulada, no existe forma en que la parte afectada pueda percibirla con anticipación y analizarla para impedirla, solo queda enfrentarla como acto consumado. La peor de las manipulaciones es la del político profesional, de rey a paje, que utilizando prerrogativas del efímero poder, genera situaciones que muchas veces conducen hasta la servidumbre de la parte afectada. El político se vale de esta técnica y muchas veces se aprovecha de la opinión pública para traficar con medias verdades en función a su objetivo final que es obtener más poder, bloqueando y escondiendo situaciones y manteniendo una conducta por lo general muy diferente a la imagen que transmite. Los grandes mentirosos (sas), a veces sutilmente y en otras groseramente, montan fábricas de creación de una imagen en torno a ellos, de una realidad que no es, donde flagrantemente se tergiversa la verdad. Hoy vemos a algunos aspirantes a cargos públicos importantes, utilizando a la ciudadanía para engatusarlos, obviamente a los más desprevenidos ciudadanos, que por lo general son los más, ofreciéndoles programas que jamás podrán cumplir, por ejemplo, algunos aspirantes a la alcaldía limeña, deliran prometiendo macro obras, sin mediar una explicación objetiva de como obtendrán los recursos, ya que de las arcas del actual municipio no las obtendrán y estoy casi seguro que la capacidad de endeudamiento del municipio de lima está casi en su límite. Así que hay que tener los ojos bien abiertos, todo lo que escuchamos en las campañas, la mayoría de las propuestas no suceden por azar, hay un encubrimiento deliberado del actor aspirante a más poder, justamente para lograr su único objetivo que no es el de servir a la ciudadanía. Hasta mañana.

    Federico Battifora