Cuentos de la cripta

La situación de Yehude Simon es –como dice un escritor italiano respecto del izquierdista Partido Demócrata- grave, pero no seria.

Por Diario La Primera | 24 feb 2009 |    

Y es que casi no queda nada serio de este buen hombre que se ha asimilado al Apra como capitán de artillería (de salva).

No sería sino cruel enumerar los sapos que Simon ha sumado a su dieta blanda. Eso, al fin y al cabo, es anecdótico.

Lo que no resulta anecdótico sino abiertamente cómico es que Simon hable desde ahora de una alianza entre la izquierda que él encarnaría y el Apra a la que sirve con la lealtad de una mascota.

Porque, ¿a quién representa Yehude Simon? Si fuéramos generosos diríamos que es el embajador de un país inexistente, el secretario general de la Casa Matusita, el comandante en jefe de un ejército de soldaditos de plomo.

Pero como la generosidad no es uno de nuestros defectos diremos, a secas, que el señor Yehude Simon es el líder del Partido Humanista.

¿Y qué es el Partido Humanista? Un membrete, una página web, una esperanza nonata. O sea que es lo mismo que Patria Libre, ese heterónimo del MRTA que el señor Simon inventó para sentirse propietario de su hectárea sectaria en los tiempos en que creía que la letra debe de entrar con sangre.

Ahora el señor Simon, que por muchos motivos es un hombre amable y civilizado, se ha propuesto hacernos creer que el Partido Humanista existe, que es de izquierda posmoderna y que, a su sombra, nacerá el maridaje político que el 2011 habrá de seducir a los peruanos. Pero esta asociación tiene algo de necrofílica.

Porque el Partido Humanista ni es de izquierda ni es de derecha ni es del suroeste. El Partido Humanista es un sello de agua en algunos papeles bond. Y el Apra, como se ha dicho en esta columna para rabieta de la bufalería analfabeta, dejó de existir el 28 de julio del año 2006, cuando Alan García la mató de siete puñaladas y un olvido de necesidad mortal e hizo de ella esta institutriz provinciana y con un poco de bigote que cuida –de blanco y azul toda ella- a los ñaños y nietos de la Confiep.

Lo que Simon plantea es un cuento de la cripta: la alianza entre un partido levemente fetal (el suyo) y una momia (la del Apra). Porque si la organización de Simon no tiene arraigo ni comités ni horizonte, el Apra de hoy, desasida de toda idea socialdemócrata, es un Chan Chan personal que el doctor García ha sumado a su lista de bienes inmuebles. El Apra es la Casa Tomada de Cortázar. Y cuando uno lee a algunos de sus búfalos, hasta creería que el Apra es el Bestiario de Cortázar. (Lo que quiero decir es sencillo: de cualquier forma, el Apra ya es un cuento).

Todo esto es como cuando Simon pretende hacernos creer que él propuso a Mercedes Cabanillas como ministra del Interior, cuando la verdad es que García impuso a Cabanillas sin pedirle ni siquiera su opinión al presidente del Consejo de Ministros.

Lo que el pobre Simon no sabe es que la deriva alanista llevará al ex Partido Aprista –si es que los apristas de verdad no lo impiden- a entenderse con el fujimorismo (que es el odriismo del siglo XXI) y que de esas barraganadas saldrá una de las candidaturas de la derecha.

Cuando esos comercios de club de alterne se produzcan, el señor Simon habrá sido ya, por los servicios prestados, un párrafo en “El Peruano”, el maquinista de un tren fantasma, el hombre que pasó del radicalismo castrista a la Little Havana de la avenida Alfonso Ugarte.

¿O es que Simon ignora que quien frecuenta al doctor García termina en el moritorio de la madre Teresa de Calcuta? ¿O es que no sabe que el ego doliente del doctor García se alimenta de cadáveres que él mismo produce?

García ha trasladado al Apra a la calle Morgue. Es un Poe que no escribe. Yehude Simon es el mayordomo del castillo. Alguien toca la puerta. ¡Es Bela Lugosi en persona!


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista