Cuchillos para una masacre

El afilador de cuchillos Víctor Quispe tampoco sabe por qué usa ese silbato característico para llamar a los clientes de la calle. Trabaja hace veinte años en Pueblo Libre, Jesús María y Magdalena todos los días salvo los miércoles porque le creyó a un amigo suyo que le aseguró que los maestros, los místicos del norte le dijeron que afilar cuchillos los miércoles es acercarse al mal.

| 11 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 557 Lecturas
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Sin darse cuenta, un miércoles de hace años salió a trabajar porque no quería discutir más con su esposa. Caminó cinco horas con su silbato sin conseguir ningún cliente. Pero como a las tres de la tarde, un hombre lo llamó desde una ventana. “Lo necesitamos. No se vaya. Salgo en un momento”, le dijo. Salió el hombre y le dio un billete de 200 soles. “No se preocupe. Guarde bien el dinero. Lo necesitamos. Pero lo tenemos que llevar a una casa. Tranquilo, suba a la camioneta y cierre los ojos. Llevaremos su carreta en la tolva”. Subió a la camioneta y abrió los ojos en el patio de una casa grande y se sorprendió al ver que en unos postes enormes estaban amarrados cerdos gigantescos y en un árbol, cubierto por unos costales, un hombre sufría porque se le acercaba el sacrificio. Quiso salir corriendo, pero un hombre grande le puso el cañón de una pistola en la cabeza. “Empieza a afilar”, le dijo y le señaló un montón de machetes. “¿Por qué me hacen ver todo esto?”. “Afila, mierda”. “¿Puedo afilarlos afuera?”. “Afílalos, aquí, o te mueres”. Afiló como quince machetes pensando en cómo escapar y de pronto con uno de los últimos machetes que afiló, cual guerrero asiático, le cortó el brazo al que lo apuntaba con la pistola. Salió corriendo de la casa y nadie sabe de dónde sacó tanta fuerza que pudo reventar los vidrios de la ventana de la casa para escapar. Luego, corrió con todas sus fuerzas sin rumbo y sin mirar atrás. Solo paró cuando llegó a la avenida Javier Prado. Hasta ahora, por temor no va por aquella avenida. “¿No quieres saber dónde queda aquella casa?”. “No. Solo quiero olvidar lo que vi. Desde aquel día jamás afiló un cuchillo un miércoles”.

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