Cuatro textos breves

Liberales

Pinochet se rodeó de ellos:
los hizo ministros, validos, portavoces.
Así empezó la historia de estos días.
En las batallas campales de la codicia y el poder,
en las ciénagas de la subliteratura,
levantando las máscaras
de algunos moralizadores,
he conocido a hijos de puta
difíciles de remedar.
Pero ningún hijo de puta es tan hijo de puta
como un liberal hablando del Estado
y los fueros privados
y Popper y Aristóteles
(con su Leviatán más),
mientras está pensando sólo en el dinero.

Por Diario La Primera | 01 set 2008 |    

Contra la marea

Resistid:
sembrad en llanuras de obsidiana
y cosechad la locura,
toda la locura que podáis,
fanegadas de locura:
os harán falta.
Almacenad locura para los peores tiempos
que vendrán.
Sólo la locura os hará libres,
sólo la locura salvará al mundo,
sólo en la locura de perder el tiempo y
no hacer las tareas que nos encomendaron,
hallaremos nuestras almas malheridas
pidiéndonos agua con un hilo de voz,
nuestras almas mirando
(con ojos que fueron nuestros)
el cielo que dejamos de mirar.

Martín Adán

Entre la rosa y la historia
eligió la historia de la rosa.
No lo entendieron.
No es normal hablar sobre las rosas.
No se estila dedicarle a la rosa
sonetos gongorinos
ni andar por la vida con la barba crecida,
con el gusto por los muchachos en flor,
la vieja gabardina cual velamen
de balsa a la deriva.
Tenía algas enredadas en la barba
y dos volcanes apagados en vez de ojos
y voz de mar cansado
y un método para ser triste y no pedir tregua
y otro para contar mentiras en gerundio
y un último para ser procaz
y jamás disculparse
y una irresistible vocación por
el trastero del idioma
y los enrevesadores del sentido
y unas ganas urgentes por orinar donde estaba prohibido.
La cordura de los asesinos y ladrones
que pueblan la historia y detestan las rosas
terminó de matarlo.

Declaración

Sueño con ser jefe de nadie,
mariscal destropado,
fantasmal presidente de ninguno,
gerente del vacío,
embajador de algún país del pasado,
un noble del reino de Aragón
(que en paz descanse).
Lo único que quiero de verdad,
lo único que realmente deseo
es que tu amor me emplee
y ser oficinista en tu pelaje
y conserje servil de tu mirada.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista