Crisis de paradigmas

¡Y todo por la codicia de unos cuantos tipos!, exclama Althaus, patético. Sobre eso no voy a opinar, retruca Abusada, porque de lo que estás hablando es de la esencia del capitalismo. Sin codicia no se puede explicar el crecimiento y la acumulación de riquezas.

Por Diario La Primera | 05 oct 2008 |    

La codicia está en la base del sistema: banqueros que quieren ganar miles de millones y ejecutivos que se conforman con algunos cientos de millones y que para ello son capaces de fraguar masivas operaciones de crédito sin respaldo. Y está también en el epicentro de la crisis, porque induce a rebajar cada vez más los controles.

Obviamente, para que un sistema así tenga sentido, la afirmación clave es que se premia el riesgo calculado y la eficiencia de la gerencia. ¿Y qué se ha caído en este nuevo setiembre negro de Wall Street, sino son estas dos ideas básicas? Ya no hay riesgo para operaciones en gran escala porque estas deben ser “rescatadas” por el Estado (el contribuyente) para evitar el peligro sistémico; y que la eficiencia jugadora de los actores del mercado se descubre en algún momento como aprovechamiento delictivo del ahorro y la confianza.

El problema es cómo retroceder de los paradigmas centrales del sistema: (a) que debe haber cada vez menos controles; (b) que toda intervención estatal es ineficiente (pero le encargan nada menos que salvar a todos); (c) que las actividades económicas en manos del Estado y los bienes públicos deben transferirse a inversores privados (es el caso de las grandes inmobiliarias) porque serán mejor utilizados; (d) que es pecado pensar en un regreso a la propiedad estatal en cualquier circunstancia; (e) que toda deuda debe pagarse, aunque se caiga el mundo; (f) que el Estado no debe usar fondos públicos para cubrir fracasos privados; (g) que vender al mercado de Estados Unidos es siempre la mejor estrategia de comercio para países chicos y medianos; etc.

Nada de esto puede sostenerse ahora. ¿Pero hasta dónde se van a corregir estos dogmas? Ya se escucha la consabida excusa: ¿acaso Bush era liberal?, ¿o Clinton?, ¿o Pinochet?, ¿o Menem?, ¿o Fujimori? O sea nadie que haya gobernado y que haya practicado -a través de la tecnocracia de estilo (Paulson, Greespan, Büchi, Cavallo, Abusada y otros)-, la doctrina del libre mercado, dirá que es la ortodoxia la que ha muerto después de las muchas crisis que han causado. Pero hoy más que nunca los paradigmas están en el suelo.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista