Creo que debes dejar el trago

Luis Parraguez, un hombre incrédulo y descreído de las supersticiones, no supo qué hacer cuando en una calle de Breña, cerca de la avenida Brasil, se cruzó con un hombre igualito a él en todo sentido de la palabra. Desde lejos ya le parecía extraño su caminar y su forma de arreglarse el cabello con la mano y mientras se acercaban, el hombre y él, Luis sintió que le acercaban un espejo. Era tan parecido a él que le dio vergüenza verse en otro rostro y con ropa tan fea. Cuando se cruzó con su alma gemela, Luis volteó para ver si era cierto que había visto a su doble y vio que el otro también había volteado para verlo y los dos se pusieron rojos de vergüenza.

| 23 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 510 Lecturas
510

Fue entonces que Luis empezó a ordenar sus ideas y le dio la razón a su amiga que le había dicho que una tarde él no le contesta el saludo y también le dio la razón a su hijo que le había visto con una ropa fea comprando medicinas en la botica grande de la avenida Brasil y que no le había contestado.

“Tengo un doble”, dijo Luis después de doblar la calle y de pronto gritó con una emoción extraña: “Tengo que conocerlo”. Volvió entonces al lugar donde se había cruzado con su alma gemela y no encontró a nadie y empezó a preguntar como un loco desesperado a todo el mundo por el hombre parecido a él.

Su hijo lo encontró a Luis en una esquina cerca de su casa y, al verlo sudando y preocupado, le preguntó: ¿Qué pasa, papá, qué te sucede?

—Lo que pasa es que estoy buscando a mi doble.

—¿A quién?

—A mí doble hijo, a mi doble, el de la ropa fea.

—Papá, creo que debes dejar el trago.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.



...

El Escorpión

El Escorpión

elescorpion@diariolaprimeraperu.com