Coyotes y correcaminos

El señor doctor Alan García dice que no hay oposición, que sólo hay brotes dispersos y algunas ocurrencias de una cuasi oposición, y entonces sale el intelectual orgánico del alanismo versado, don Mirko Lauer, que ya dejó sin trabajo a Hugo Neira, y escribe ayer en su leidísima columna:

| 12 junio 2008 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.9k Lecturas
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“Alan García tiene razón cuando dice que no hay casi oposición. Lo que abunda es más bien reclamo, o la versión jumbo del reclamo, que es la protesta en las calles”.

Como si los reclamantes y los protestantes no se opusieran a algo. Como si las calles que se llenan a veces de furia no fueran parte de la resistencia al entreguismo roto del doctor García y a los negocios siempre en marcha del señor Garrido Lecca. En suma, como si el reclamo fuera una chusquedad y la calle una vereda tropical que se mira diciendo fo.

Pero el poeta no se quedó allÑ Al comenzar el tercer párrafo de su pronunciamiento institucional, redundó casi citándose a sí mismo:

“Tiene razón García en detectar pobre oposición...”

Y en seguida sumó:

“Pero él (García) es en parte responsable...”

¡Ajá! ¿Va a decir que García es en parte responsable de la inexistencia de la oposición porque se ha construido este califato personalísimo que traiciona a Haya, destroza a su partido, tiene a una empleada de Lan-Chile como consejera y porque sus chiritos y sus navas manejan a la prensa abombada que dice que la oposición sólo existe para amenazar la prosperidad y la inversión extranjera? ¿Va a decirlo? No, no lo dice. Lo que dice es esto:

“La posibilidad de una oposición parlamentaria efectiva se licuó el día que los 40 de Ollanta Humala perdieron a los 20 de Aldo Estrada, cortejados desde Palacio...”

Era eso, entonces: no fue la ambición irresponsable del upepismo la que dividió a la oposición; fue la maestría alanista partiendo en dos, como con una katana, a lo que hubiera podido ser oposición. No era un reproche desde los fueros de la democracia necesitada de equilibrio: era un homenaje de compadrito en la esquina rosada y en el jardín de los senderos que jamás se bifurcan. ¡Maestro Hanzo! ¡Kill Bill! ¡Uma Thurman! ¡Alan García! ¡Hai!

El poeta prosigue su marcha fúnebre en torno a la oposición que no existe. Y escribe, no sin placer, lo siguiente:

“Las regiones no configuran una real oposición, puesto que para ellos (sic) es la hora de pedir atención, no de oponerse...”

¡Magnífico! El poeta ha decretado que el entierro de la oposición también se ha realizado en todas las provincias. O sea que los muertos de Alva Castro, los finaditos de Ayacucho por ejemplo, no es que se estaban oponiendo sino que estaban pidiendo atención. Lo único que cabría preguntarse es por qué Alva Castro es tan drástico con quienes sólo están pidiendo algunos ojos y un poco de oído gubernamentales.

Las últimas líneas de esa columna que aspira a ser huaca de la oposición y helipuerto del doctor García las dedica el poeta de Praga y Chaclacayo a exhibir su capacidad ensayística:

“Lo que parece haber hoy en el Perú es un sistema multipolar a varios niveles, donde no hay principios opositores, sino actos opositores dictados por efímeras circunstancias”.

¡Ajá! No lo olviden, plebeyos correcaminos de la protesta callejera: ustedes no tienen principios opositores; ustedes actúan aventados “por efímeras circunstancias”. ¿Hay algo más efímero que los salarios? ¿Hay algo más pasajero que la lucha en contra de una mina que tiene a la policía de su lado? Y en el caso de los finaditos, ¿puede haber algo más fugaz que la vida, oiga usted? No lo olviden, correcaminos carentes de principios opositores: en este cartoon network gana el coyote.

Entonces termino de leer la columna de este nuevo budista de la eterna JAP y enciendo la tele y –oh sorpresa, los evangelios a tierra– veo al muy digno congresista Werner Cabrera sacar una pancarta de oposición en plena sesión. Y veo que una búfala, salida de una insalata caprese, embiste a Cabrera increpándole con ardor, y sigo viendo que otros congresistas dignos sacan más pancartas pidiendo que el doctor García deje de deshonrar sus promesas de candidato, y veo que se arma la trocatinta y la gorda, y el señor Gonzales Posada, que antes iba tanto a Virginia a rendir cuentas, suspende el pleno que no puede controlar y el debate constitucional, que el alanismo había imaginado a gusto de Canal N y sus dormilones y a gusto de El Comercio y sus accionistas (o sea 200,000), aborta, y todo es un despelote fumigador y deodorizante y unas brisas del Titicaca que limpian el olor a cutra y a monolito alanista doblado al español en Palmera Records.

¿No que no había oposición? ¿No que el doctor García la había asesinado de un katanazo magistral y que Lauer-san había dado el discurso funerario respectivo? Además, 24 horas antes de esa expresión de dignidad opositora, ¿no había José Carrasco Távara, aprista como el que más, recordado que el pueblo de Haya no era el que sostenía la Constitución de Fujimori y su patota? ¿No nos había dicho Carrasco Távara en Radio San Borja que Haya jamás hubiese sido peón de Washington?

La decencia del gesto congresal, la justicia de su origen y la legitimidad de sus metas las comprobé por la tarde al abrir la página on line de CPN Radio. Allí titularon así la crónica parlamentaria del día:

“Bancada nacionalista propicia vergonzoso incidente en el Congreso”.

La radio que acaban de comprar a precio de remate unos mineros de horca y cuchillo cumplía su misión: remedar a la gran prensa dedicada a caerle encima a todo aquel que se atreva a oponerse a García y a su designio de convertirnos en el nuevo Tarapacá del Chile de toda la vida.

Y esto que la oposición ha dejado de existir.


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César Hildebrandt

Opinión

Columnista

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