Costos políticos

“Si existe una lección de estos años es que si el pueblo se excluye de los problemas de la política y del Estado, los bandidos pueden siempre volverse a hacerse dueños del poder”

Raúl Wiener
Bandido Fujimori

| 02 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 765 Lecturas
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Doce años hacen desde que cerré con estas palabras mi libro de 540 páginas sobre la historia de una década de régimen fujimorista y me doy cuenta de que los peruanos nuevamente, en una aplastante mayoría, seguimos excluidos de los problemas de la política, llevados como rebaños a los eventos electorales, en los que disputan elites ajenas al sentimiento del pueblo, de las que se espera usualmente que se acuerden de vez en cuando de los pobres para mejorar en algo su modo de vida marcado por carencias y precariedades, y a los que cada tanto les cuentan el cuento del candidato de abajo, que es igual a ellos, pero que una vez en el poder se somete a los poderosos y se incorpora a la elite dominante.

La “inclusión” de Ollanta Humala le corre como al diablo a la politización. Su idea del poder es la del secretismo, el tecnocratismo y el asistencialismo acrecentado con los recursos que debe dejar el incremento de las inversiones extractivas. Ese modelo no guarda diferencias con el de Fujimori o el de Toledo o García, que no sean en el autoritarismo o la extrema corrupción de estos.

Pero esa es exactamente la línea que se le quiere hacer cruzar al nacionalista, que diga sí al indulto imponiéndose a cualquier razonabilidad médica y a todo reparo moral, para confirmar su asimilación a la elite política tradicional.

Tantos ascos a los políticos que lo han corrompido todo, para terminar titubeando en otorgar un soberano No a la pretensión de poner en libertad al séptimo presidente más corrupto del mundo y el primero de América latina, según informe de Transparencia.

Lo que Ollanta nunca entendió es que política es movilización (véase Venezuela) y organización social, a todo lo cual renunció para encerrarse en un consejo de ministros de gente que lo que más teme es que les pidan su renuncia y que es casi incapaz de un pensamiento propio.

Tal vez en este tema del indulto esté, sin embargo, labrándose la primera gran crisis política del gobierno de Humala, después del asunto de Conga y de la ruptura con la izquierda.

Algunos ministros ya han explicitado una posición por lo menos en este punto, lo que hace anticipar que lo que se resuelva en el nivel presidencial puede acarrear cambios en el más alto nivel.

Ollanta, por ahora, mantiene en silencio su determinación, como si pudiera ser cualquiera. Debe estar midiendo que las opciones tienen en todos los casos costos políticos y eso es lo que ha estado tratando de no encarar desde que comenzó su gobierno.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista