Corrupción entre dos mundos

Hay una enorme desigualdad social que separa a los ricos de los pobres. Pero hay también un espacio de cercanías entre el primer mundo y el tercero donde vive la corrupción, en la cual colonizadores y colonizados se entienden y asocian.

| 22 octubre 2009 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 655 Lecturas
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Una investigación de Transparencia Internacional, “Informe Global de la Corrupción 2009. Corrupción y Sector Privado”, ubica a varios países latinoamericanos como altamente corruptos y considera que esta matriz política está sostenida por el primer mundo. Entre estos países está el Perú, en el puesto 72, cerca de Brasil y México.

“El cuarenta por ciento de los países estudiados muestra una corrupción percibida como de-senfrenada, y son clasificados por el Banco Mundial como países de bajos ingresos”.

Según la Presidenta de TI, Huguette Labelle, en los países con alta corrupción, el ámbito de influencia del sector privado no se diferencia mucho del estatal. Por ello se “millonarizaron” Carlos Menem y Alberto Fujimori, entre otros, cuyas fortunas se gestaron y acumularon jugando “ping pong” entre el Estado y la empresa privada.

Para tomar sólo un ejemplo en el Perú, entre muchos que nos ocurren, está el reciente escándalo de los “petroaudios”. La actividad de “lobbista” del ex ministro Rómulo León, del primer gobierno de Alan García, comprometió al Presidente y a su partido al descubrirse grabaciones impresentables de sus socios, tratando de favorecer con lotes petroleros a una empresa Noruega, concediéndole precios y condiciones privilegiadas, y cobrando altas comisiones “de éxito” también privilegiadas. Luego van a juicio y la jueza María Martínez se niega a hacer públicas las pruebas contenidas en la computadora del principal acusado. ¿A quién protege?

Buena parte de los medios, por cierto, difunden más el lado del escándalo que compromete al Estado mientras son finísimos con los empresarios ricos y famosos, generando cortinas de humo que enceguecen a la opinión pública, la alienan y la vuelven tolerante a la impunidad.

En verdad, la corrupción nunca tiene un solo autor. Es un fenómeno global que sólo puede tener una solución global, por eso pasó de ser doméstica a ser transnacional y de ser política a ser judicial.


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Carlos Urrutia

Opinión

Columnista