Convulsión en Espinar

Hasta el conflicto de Sechura, el premier Valdés acumuló uno o dos muertos por cada uno de los casos que debió afrontar. Tal parece que el presidente se cansó de esta suma macabra, que contrastaba muy fuerte con el récord del gabinete anterior, y ordenó cambiar la lógica de la represión y evitar el uso de armas de fuego. Él mismo aseguró que había ordenado que no hubiera muertos en lo que estaba pasando en Espinar.

Por Diario La Primera | 29 mayo 2012 |  2k 
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Pero como están las cosas, tal parece que las prevenciones presidenciales llegan tarde o no se entienden. No olvidar que el sábado Ollanta se despachó diciendo que los actores políticos de Espinar eran los mismos de Cajamarca, haciendo eco a la versión de que el alcalde de la provincia pertenece al partido del sacerdote Arana, como si eso fuese suficiente para levantar a un pueblo y llevarlo a exponerse a los palos, las bombas y los perdigones de la policía.

La mezcla de invocaciones al diálogo y el reconocimiento de las razones históricas de las comunidades para reclamar contra las mineras ubicadas en su territorio, con acusaciones a los violentistas y afirmaciones impotentes como que no se puede salir de los marcos de lo firmado, han dado lugar a una percepción del gobierno como sujeto a los intereses transnacionales, pero no por convicción sino por debilidad.

¿Cuánto de la dureza del enfrentamiento del lado de los campesinos y pobladores urbanos viene de la comprensión de que perdieron un posible aliado en el presidente con su volteretazo en el poder y que lo que sigue para adelante es un pulseo para determinar quién es el más fuerte?

Nadie puede saberlo, pero por lo que se ve en los mandos de la policía no parece haber tampoco mucho ánimo de atenerse a los límites que se les había señalado.

No olvidar que el jefe de la policía sigue siendo el mismo comensal de las Brujas de Cachiche, que viene desde que Valdés era ministro del Interior, pasó por la desafortunada gestión de Lozada y sigue en el sitio.

O sea que algo tiene que ver con la casi docena de muertos en protestas sociales, frente a la ausencia de resultados en otros campos de la seguridad ciudadana y la lucha antisubversiva.

En todo caso lo que acaba de pasar es otra muestra de desorientación oficial. Claro que yo prefiero decir que este Ollanta vacilante en meterle más fuerza a la represión, es todavía alguien que puede tener algún margen para no empeorar la situación.

Pero, por ahora, lo que está sobre él es una presión muy fuerte para que aplaste el movimiento y brinde un mensaje de mano dura que la derecha bruta y achorada hace tiempo quiere escuchar.

El punto es que en este momento hay una aguda crisis de credibilidad que no tiene salidas ni con más represión, ni con represión regulada, o con mesas de “diálogo” con funcionarios impotentes instalados a cientos de kilómetros del conflicto.

Para que la actual convulsión no llegue a mayores es urgente que Ollanta produzca un relevo general en el gabinete, aireando el escenario cargado de nubes oscuras.

Un equipo con las manos limpias de sangre y sin ataduras con los grandes intereses que deben ser regulados y fiscalizados, es algo que se pide a gritos y que se confirma en todas las encuestas. Pero el presidente sigue dudando entre Espinar y la Confiep.

Referencia
Propia



    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista

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