Controlar la amenaza nuclear

En noviembre del 2005, cuando ejercía la presidencia de la Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas, recibí una situación de bloqueo absoluto de sus trabajos. Hacía ocho años que la conferencia no podía ponerse de acuerdo en la aprobación de su agenda. La política del unilateralismo aplicada por la administración republicana, pensaba que iba a controlar la proliferación a partir de un doble juego de persuasión - coerción bilateral y la amenaza del uso de la fuerza.

| 28 setiembre 2009 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 521 Lecturas
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Esta visión de la no proliferación pasaba, al mismo tiempo, por un enorme fortalecimiento de la capacidad de acción nuclear táctica y estratégica de los EEUU, a través del proyecto de militarización del espacio. Los EEUU no deseaban activar las negociaciones, salvo para la firma de un tratado que prohiba la producción de material fisible. Para Rusia la prioridad obvia era la proscripción de la utilización del espacio con fines militares nucleares, lo que para Washington era inaceptable. La India, Pakistán y los países no nucleares no estaban dispuestos a aprobar una agenda que no contemple el desarme total y completo incluido el de las potencias nucleares.

Como en la diplomacia no hay acuerdo imposible si existe voluntad política, y en razón que mi vida profesional se ha ejercitado en ello, pensé que desde la presidencia podría impulsar un acuerdo mínimo y desbloquear la agenda. Pero, luego de algunas consultas con los embajadores de las principales potencias nucleares, llegué a una conclusión realista: no estaba frente a diversas voluntades políticas con dificultades para encontrar una fórmula que recoja las aspiraciones de todas, sino frente a la inexistencia de voluntad política de Washington, que no aceptaba ninguna alternativa para activar la Conferencia, pues su estrategia era unilateral. Suponía que el poder de la superpotencia bastaba y que se ejercía directamente con eficacia. Grave error. La conferencia, obviamente, repitió el bloqueo del año anterior. Y continuó así hasta el año pasado. Por cierto, en el interin, la diplomacia nuclear republicana sólo acumuló fracasos.

Este oscuro panorama, que puso al mundo en una situación de inestabilidad nuclear que no existió en la propia guerra fría, ha empezado a cambiar. A inicios del año, se desbloqueó la Conferencia de Desarme y aprobó una agenda amplia que concilia todos los intereses divergentes. Muy pronto, probablemente se inicien las negociaciones para prohibir la producción de material fisible. Las negociaciones ruso-norteamericanas no sólo se han reiniciado, han concluido un primer acuerdo para reducir sus cabezas nucleares entre 1500 y 1675 y entre 500 y 1100 el número de lanzadores. Ello casi asegura que a fin de año habrán concluido las negociaciones para un nuevo tratado Start (Tratado de reducción de armas nucleares estratégicas). Y sólo hace cinco días el Consejo de Seguridad, reunido a nivel de jefes de Estado, ha aprobado una resolución que relanza las negociaciones globales en materia de desarme nuclear, que dan aire al casi asfixiado Tratado de no proliferación nuclear (TNP) y abre las esperanzas para que el Tratado de prohibición total de armas nucleares pueda entrar en vigor.

En estas decisiones históricas America Latina ha estado presente; el Perú, una vez más, ausente.


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Manuel Rodríguez Cuadros

Opinión

Columnista